Mi prometido y yo nos acostábamos juntos antes de la boda
Cuando fijamos la fecha de la boda, fuimos a hacer una confesión general de toda nuestra vida. Entonces también llegamos a la conclusión de que era un buen momento para mejorar aunque fuera un poco, por eso empezamos a vivir la castidad. Probablemente fue una de las tareas más difíciles que tuvimos que afrontar este año. Todos a quienes se lo contamos se rieron de nosotros; para nosotros era duro, tuvimos que aprender a vivir juntos sin sexo. ¡Es más! Sin siquiera abrazarnos. A mí se me hacían especialmente duras las noches en que tenía un mal día y no podía acurrucarme junto a mi prometido. Sin embargo, en ese tiempo también ocurrían otras cosas importantes. Empezamos a acercarnos cada vez más a Dios. Estamos al comienzo de nuestro camino, pero nos alegramos de cada pequeño cambio que ha llegado. Leemos juntos la Escritura. Rezamos juntos cada noche. Nosotros y Dios. Los tres. Abriéndonos cada día un poco más. Su oración nos dio muchísimo. Cuando ya era difícil y aún quedaba mucho tiempo, les pedimos que rezaran por nosotros. Gracias a que Dios escuchó sus oraciones, cada vez nos resultaba más fácil. Nos casamos mañana. Y queremos darles las gracias, porque nos mostraron lo importante que es la oración. ¡Dios se lo pague!