Testimonio de Angelika
Mi prometido y yo dormíamos juntos antes de la boda. Cuando fijamos la fecha de la boda, fuimos a hacer una especie de confesión general de toda la vida. Entonces también llegamos a la conclusión de que era un buen momento para mejorar aunque fuera un poquito, por eso empezamos a vivir la castidad. Probablemente es una de las tareas más difíciles a las que hemos tenido que enfrentarnos este año. Todos a quienes se lo contamos se rieron de nosotros, a nosotros nos costaba, tuvimos que aprender a vivir juntos sin sexo. ¡Es más! Sin siquiera abrazarnos. A mí me costaban sobre todo las noches, cuando tenía un mal día y no podía acurrucarme junto a mi prometido. Sin embargo, en ese tiempo también pasaban otras cosas importantes. Empezamos a acercarnos cada vez más a Dios. Estamos al principio de nuestro camino, pero nos alegramos de cada pequeño cambio que ha llegado. Leemos juntos las Escrituras. Rezamos juntos cada noche. Nosotros y Dios. Los tres. Abriéndonos cada día un poco más. Su oración nos dio muchísimo. Cuando ya se hacía difícil y todavía quedaba mucho tiempo, les pedimos que rezaran por nosotros. Gracias a que Dios escuchaba sus oraciones, a nosotros nos resultaba cada vez más fácil. Nos casamos mañana. Y queremos darles las gracias, porque nos mostraron lo importante que es la oración. ¡Dios se lo pague!