Oración a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro por los hijos

Oh Madre del Perpetuo Socorro, dichosísima Madre del Niño divino: vengo a ti con el corazón gravemente angustiado, pero lleno de confianza en tu perpetuo socorro. Te suplico, por el amor de tu divino Hijo, por los dolores y preocupaciones que soportaste por él, que seas también para mis hijos (mi hijo), a quienes te consagré y hoy de nuevo te entrego, una Madre buena y tierna. Tómalos bajo tu amparo y rodéalos de tu protección en los numerosos peligros que los amenazan en la vida terrena.

El Padre celestial me confió estos hijos como el bien más preciado. Han sido redimidos con la preciosísima Sangre del Hijo de Dios.

Mi deber es educarlos con la enseñanza y el ejemplo, de modo que lleguen a ser herederos del Reino de los Cielos. ¡Ay de mí si uno solo de ellos se perdiera para siempre por mi culpa! ¡Cuán duramente tendría que responder de ello en el juicio de Dios!

Pero soy débil. Sin la gracia de Dios, sin tu ayuda y tu mediación, oh Madre querida, no lo lograré. Ayúdame, pues, y suplica a tu Hijo que me conceda la fuerza y la gracia necesarias. Enséñame lo que debo hacer. Con gusto lo haré todo, con tal de educar bien a mis hijos y llevarlos a Dios y a ti, a la virtud y al bien. Pero los peligros con que el mundo los amenaza son grandes, y yo no puedo estar presente en todas partes. Si tú, queridísima Madre, no los defiendes y los guardas, todos mis esfuerzos serán inútiles. Defiende, pues, a mis hijos, oh Madre buenísima, María.

Pues tú siempre ayudas, y ellos te pertenecen. Que sean siempre tuyos, que ninguno de ellos se pierda, que ninguno sea desdichado. Concédelo, oh Madre del Perpetuo Socorro. Amén.