
Santos Protomártires de la Iglesia Romana
Mártires, discípulos de los Apóstoles, víctimas de la persecución de Nerón
Los Santos Protomártires de la Iglesia Romana fueron cristianos de Roma, hombres y mujeres, a quienes el emperador Nerón hizo matar cruelmente después del gran incendio de la ciudad en julio del año 64. No conocemos sus nombres. La Iglesia los recuerda el 30 de junio, al día siguiente de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo.
El incendio destruyó gran parte de Roma, y entre sus habitantes corrió el rumor de que la ciudad había sido incendiada por orden del propio emperador. El historiador romano Tácito, que no era cristiano, describió en los «Anales» cómo Nerón, para acallarlo, echó la culpa a los cristianos, odiados por el pueblo, y les infligió los castigos más refinados. Primero fueron apresados los que confesaban la fe y después, por sus declaraciones, una inmensa multitud de otros. Según Tácito, fueron condenados no tanto por el incendio como por odio al género humano.
Su muerte se convirtió en un espectáculo. El Martirologio Romano refiere que a unos los cubrieron con pieles de fieras y los entregaron a los perros para que los despedazaran, a otros los clavaron en cruces y a otros los quemaron para que, al caer el día, sirvieran de antorchas nocturnas. Nerón ofreció para ello sus jardines y celebraba allí juegos, mezclándose él mismo con la multitud vestido de auriga. Aquellos jardines se encontraban en el Vaticano; en el circo que allí había, junto al lugar donde hoy se alza la basílica de San Pedro, murieron muchos cristianos.
La crueldad de Nerón conmovió incluso a los paganos. Tácito anotó que los condenados despertaban compasión, porque se veía que morían no por el bien público, sino por la crueldad de un solo hombre. Poco después del año 96, san Clemente Romano, en su carta a los Corintios, recordaba junto a Pedro y Pablo una gran multitud de elegidos que habían soportado muchos ultrajes y tormentos y se habían convertido para la Iglesia de Roma en un magnífico ejemplo. Escribía también sobre mujeres que, aunque débiles de cuerpo, terminaron con constancia la carrera de la fe y recibieron una noble recompensa.
El Martirologio Romano los llama discípulos de los Apóstoles y primicias de los mártires que la Iglesia romana envió al Señor. Según la tradición, en la misma persecución murieron también en Roma los santos Pedro y Pablo. San Juan Pablo II recordaba en 1979 que aquella fue solo la primera de las persecuciones, a la que siguieron otras hasta los tiempos de Diocleciano, y que la Iglesia de Roma fue bautizada no solo con el agua, sino también con la sangre de los mártires.
Los Protomártires no pasaron por un proceso de canonización. La Iglesia conserva su memoria desde las primeras generaciones: ya san Clemente los proponía a los fieles como ejemplo. Su memoria cae al día siguiente de la solemnidad de los Apóstoles, cuya persecución compartieron. En la oración de la misa de ese día, la Iglesia confiesa que Dios consagró con la sangre de los mártires los comienzos de la Iglesia de Roma, y pide que su valentía en el combate fortalezca a los fieles.