Santos Nereo y Aquiles
Mártires, soldados romanos, sepultados en las catacumbas de Domitila
Los santos Nereo y Aquiles fueron soldados romanos que abandonaron el servicio militar, confesaron a Cristo y sufrieron el martirio. Fueron sepultados en Roma, en las catacumbas de Domitila, en la Vía Ardeatina. La Iglesia los recuerda el 12 de mayo.
Sabemos muy poco de su vida. El testimonio más antiguo y más seguro es una inscripción en verso que el papa san Dámaso colocó sobre su tumba en el siglo IV; se han encontrado fragmentos de ella entre las ruinas de la basílica construida sobre el sepulcro. Dámaso escribe que ambos se habían alistado en el ejército y desempeñaban un oficio cruel, dispuestos por miedo a cumplir las órdenes de un tirano. Entonces, dice, sucedió un prodigio de fe: de repente depusieron su furor, se convirtieron y abandonaron el campamento impío de su jefe, arrojando los escudos, las condecoraciones y las armas ensangrentadas. Confesaron a Cristo y se alegraron de llevar su triunfo. La inscripción termina con la invitación a creer, por las palabras de Dámaso, lo que puede la gloria de Cristo.
No conocemos el año de su muerte. El Misal Romano refiere que fueron decapitados en la Vía Ardeatina, probablemente durante la persecución del emperador Diocleciano, a comienzos del siglo IV. Recoge también una tradición según la cual los atrajo a la fe la fortaleza de los cristianos torturados y llevados a la muerte. Sus nombres figuran ya el 12 de mayo en el Martirologio jeronimiano de los siglos V y VI.
Más tarde se escribieron unas actas de su martirio que los historiadores consideran una leyenda sin valor histórico. En ellas Nereo y Aquiles aparecen como servidores de Flavia Domitila, pariente del emperador Domiciano, que la acompañaron al destierro en la isla de Ponza y después fueron decapitados en Terracina. Este relato no concuerda con la inscripción de Dámaso. Nació probablemente del hecho de que los mártires fueron sepultados en un cementerio que llevaba el nombre de Domitila.
A finales del siglo IV se levantó sobre su tumba en las catacumbas una basílica de tres naves. En una de sus columnas, que se conserva hasta hoy, se esculpió la decapitación de Aquiles junto con su nombre. En esta basílica, el día de su fiesta, el papa san Gregorio Magno pronunció una de sus homilías sobre los Evangelios. Dijo en ella que estos santos despreciaron el mundo precisamente cuando los atraía con la paz, la salud y la prosperidad. Las ruinas de la basílica fueron descubiertas en el siglo XIX por el arqueólogo Giovanni Battista de Rossi.
También lleva el nombre de los mártires una antigua iglesia de Roma, cerca de las Termas de Caracalla, a la que sus reliquias fueron trasladadas a finales del siglo XVI. Nereo y Aquiles no fueron canonizados en un proceso formal; como los demás mártires de los primeros siglos, son venerados desde la Antigüedad. En el Calendario Romano General su memoria común es libre.