Santos Mauricio y compañeros

Mártires, soldados de la Legión Tebana, muertos en Agauno

Los santos Mauricio y compañeros fueron soldados romanos cristianos que, según la tradición, murieron por la fe en Agauno, en los Alpes, la actual Saint-Maurice, en el Valais suizo, bajo el emperador Maximiano. El Martirologio Romano conmemora el 22 de septiembre a Mauricio, Exuperio y Cándido, a sus compañeros de la Legión Tebana y al veterano Víctor.

Conocemos su historia sobre todo por el relato de su martirio que san Euquerio, obispo de Lyon, escribió entre 440 y 450, alrededor de siglo y medio después de los hechos. Euquerio escribe que le transmitieron la historia personas que la habían oído de Isaac, obispo de Ginebra, quien a su vez la conocía por Teodoro, obispo de Octodurum, la actual Martigny. No se conoce el año de su muerte; se indican fechas de finales del siglo III y comienzos del IV.

Según Euquerio, la legión llamada tebana, formada por cristianos, llegó de las provincias orientales del Imperio para apoyar a Maximiano en la Galia. Cuando el emperador, que se encontraba en Octodurum, quiso emplearlos para perseguir a los cristianos, se negaron. Mandó entonces ejecutar a uno de cada diez y, como los demás no cedieron, volvió a diezmarlos. Al final toda la unidad fue masacrada. Otra versión del relato, anónima, habla de la negativa a participar en un sacrificio pagano antes de una batalla.

Euquerio describe cómo Mauricio, Exuperio y Cándido, jefes de la legión, fortalecían a los soldados en la fidelidad. Recoge también su respuesta al emperador: «Somos tus soldados, emperador, pero también siervos de Dios, como confesamos abiertamente». Declararon que preferían morir antes que matar y que no podían perseguir a los cristianos. No se sabe hasta qué punto estas palabras reflejan lo que realmente se dijo. Según Euquerio, murió también Víctor, un veterano ajeno a la legión, que al pasar por allí confesó que era cristiano.

Muchos detalles de este relato suscitan dudas entre los historiadores, sobre todo la magnitud de la matanza, ya que Euquerio habla de una legión entera, y el origen tebano, es decir, egipcio, de los soldados; es posible que muriera una unidad más pequeña. Lo que sí es seguro es la antigüedad del culto. A finales del siglo IV se levantó la primera iglesia sobre las tumbas de los mártires; sus restos salieron a la luz en las excavaciones de Saint-Maurice.

En 515 el futuro rey de los burgundios, san Segismundo, fundó junto a las tumbas de los mártires una abadía en la que coros de monjes se turnaban para cantar los salmos día y noche. La abadía, sujeta directamente a la Santa Sede, sigue existiendo hoy; en 2015 celebró sus 1500 años. En 1984, en Sion, san Juan Pablo II recordó la fe que Mauricio y sus soldados profesaron hasta el martirio.

Su culto se extendió por Europa. En Occidente Mauricio se convirtió en modelo del santo caballero y es venerado como patrono de los soldados. En el Wawel de Cracovia se conserva la lanza de san Mauricio, que el emperador Otón III regaló en el año 1000 a Boleslao el Bravo. Los santos Mauricio y compañeros son venerados desde la Antigüedad, sin canonización formal.