Santos Marcelino y Pedro

Mártires, presbítero y exorcista de la Iglesia de Roma

Los santos Marcelino y Pedro fueron mártires de la Iglesia de Roma. Marcelino era presbítero y Pedro exorcista, es decir, clérigo de una de las órdenes menores que existían en la Iglesia latina. Murieron durante la persecución del emperador Diocleciano. Sus nombres se mencionan en el Canon romano, la Plegaria eucarística I. La Iglesia los recuerda el 2 de junio.

Nada cierto se sabe de su vida antes del martirio. El testimonio más antiguo sobre su muerte es una inscripción en verso que el papa san Dámaso colocó sobre su sepulcro en el siglo IV. Dámaso escribe en ella que en su juventud oyó el relato de boca del mismo verdugo. La inscripción fue destruida más tarde por los godos, y el papa Vigilio la hizo restaurar.

Según este testimonio, se ordenó decapitarlos en medio de un espeso matorral, para que nadie pudiera conocer el lugar de su sepultura. Antes de morir tuvieron que prepararse la tumba con sus propias manos. La tradición señala el año 304 como el de su martirio. Un relato posterior de su muerte añade conversiones en la cárcel y milagros, pero los historiadores no consideran fiables esos detalles.

Más tarde, una piadosa mujer llamada Lucila encontró sus cuerpos y los depositó en el cementerio Ad duas lauros, «de los Dos Laureles», en la vía Labicana, la actual vía Casilina, a las puertas de Roma. El emperador Constantino levantó allí una basílica, cuyas ruinas han sido sacadas de nuevo a la luz en nuestro tiempo. Todo el cementerio tomó el nombre de los dos mártires. Sus catacumbas existen todavía hoy y están abiertas a los visitantes.

Su memoria del 2 de junio figura ya en el Martirologio jeronimiano de los siglos V y VI. En el siglo IX, Eginardo, biógrafo de Carlomagno, llevó sus reliquias a su finca a orillas del Meno, a la que dio el nombre de Seligenstadt, y fundó allí una abadía benedictina. Marcelino y Pedro no fueron canonizados en un proceso formal: como los demás mártires de los primeros siglos, son venerados desde la antigüedad. En el Calendario Romano General su memoria es libre.