Santos Manuel Ruiz y compañeros
† 1860
Mártires, frailes franciscanos y laicos maronitas asesinados en Damasco
Los santos Manuel Ruiz y compañeros son once mártires asesinados en Damasco en la noche del 9 al 10 de julio de 1860. Ocho de ellos eran franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, y tres eran fieles laicos de la Iglesia maronita, hermanos de sangre. La Iglesia los recuerda el 10 de julio.
En la primavera de 1860 la persecución de los cristianos se extendió del Líbano a Siria. El 9 de julio una multitud irrumpió en el barrio cristiano de Damasco, cortó las vías de escape y comenzó a saquear y a matar. Por la noche los asaltantes entraron en el convento franciscano de San Pablo por una puerta oculta que les señaló un traidor. A cada una de sus víctimas le exigieron renegar de la fe y abrazar el islam. Nadie aceptó.
El superior era el padre Manuel Ruiz López, nacido en 1804 en la provincia española de Burgos y enviado a Tierra Santa en 1831. Con él vivían cinco sacerdotes, el párroco Carmelo Bolta Bañuls, el austríaco Engelbert Kolland, Nicanor Ascanio Soria, Nicolás María Alberca Torres y Pedro Nolasco Soler Méndez, y dos hermanos legos, el sacristán Francisco Pinazo Peñalver y el cocinero Juan Jacob Fernández.
El padre Ruiz dio la absolución a sus hermanos y corrió a la iglesia para consumir el Santísimo Sacramento y librarlo de la profanación. Fue asesinado de rodillas ante el altar. El padre Nicolás declaró que prefería morir mil veces antes que abandonar la fe. El padre Engelbert logró huir, pero lo alcanzaron y lo mataron fuera del convento. Los dos hermanos legos, escondidos en el campanario, oraron con las manos levantadas al cielo hasta que los arrojaron desde la torre.
El mayor de los hermanos Massabki, Francisco, comerciante de seda y padre de ocho hijos, era conocido en Damasco por su generosidad con los pobres. Abdel Mooti, padre de cinco hijos, enseñaba en la escuela junto al convento y era catequista. El menor, Rafael, era soltero y pasaba largos ratos en oración en la iglesia de los frailes. Aquella noche estaban en el convento y, al ser apresados, declararon que eran cristianos dispuestos a morir por Cristo. Cuando le ofrecieron la vida a cambio de la apostasía, Francisco habría respondido: «El jeque Abdallah puede quedarse con el dinero que le presté y también puede quitarme la vida, pero nadie puede hacerme renegar de mi fe. Soy cristiano maronita y en la fe de Cristo moriré».
Los mártires fueron sepultados en una tumba común que, tras la reconstrucción de la iglesia en 1866, se convirtió en lugar de oración para los cristianos de Damasco. Pío XI beatificó a los once el 10 de octubre de 1926, en el año del séptimo centenario de la muerte de san Francisco de Asís. Los hermanos Massabki fueron añadidos a la causa a petición del arzobispo maronita de Damasco.
Pidieron su canonización los obispos maronitas y los superiores de los franciscanos. El papa Francisco aceptó un procedimiento extraordinario sin el examen de un milagro y el 20 de octubre de 2024, en la plaza de San Pedro, proclamó santos a los mártires. Habló de ellos como siervos fieles que sirvieron en el martirio y en la alegría.