
Santos Francisco y Jacinta Marto
Niños, pastorcitos de Fátima, testigos de las apariciones de la Virgen María
Los santos Francisco y Jacinta Marto eran hermanos, de la aldea portuguesa de Aljustrel, cerca de Fátima. Junto con su prima Lucía dos Santos fueron testigos de las apariciones de la Virgen María en 1917. Ambos murieron siendo niños: él a los diez años, ella a los nueve. La Iglesia los recuerda juntos el 20 de febrero, día de la muerte de Jacinta.
Francisco nació el 11 de junio de 1908, y Jacinta en marzo de 1910. Eran los más pequeños de los siete hijos de Manuel Pedro Marto y Olímpia de Jesus, campesinos de condición modesta y personas de fe viva. No fueron a la escuela y no sabían leer ni escribir, y aprendieron el catecismo en casa. Francisco era tranquilo y apacible, amaba la naturaleza y el silencio. Jacinta era vivaz, cariñosa y un poco caprichosa. Cuando él tenía ocho años y ella seis, empezaron a pastorear las ovejas de sus padres, junto con Lucía.
En 1916 los niños vieron tres veces a un ángel, que los llamaba a la oración y a la adoración. Del 13 de mayo al 13 de octubre de 1917, en el lugar llamado Cova da Iria, Nuestra Señora del Rosario se les apareció seis veces: el día trece de cada mes y, en agosto, el diecinueve, porque del 13 al 15 de agosto los niños estuvieron retenidos en Ourém. María pedía oración y penitencia por la conversión de los pecadores. Preguntados en el primer encuentro si querían ofrecerse a Dios, los niños respondieron que sí.
Después de las apariciones ambos cambiaron de un modo poco común para su edad. Francisco deseaba sobre todo consolar a Dios, entristecido por los pecados de los hombres. Buscaba la soledad, rezaba muchos rosarios y pasaba largas horas en la iglesia parroquial junto al sagrario, al lado de «Jesús oculto». En octubre de 1918 enfermó de bronconeumonía durante una epidemia. Soportó el sufrimiento sin quejarse. Recibió la sagrada Comunión una sola vez, como viático, el 3 de abril de 1919. Al día siguiente, 4 de abril, murió serenamente en la casa familiar.
A Jacinta la conmovieron sobre todo la suerte de los pecadores y los sufrimientos del Santo Padre. Rezaba por ellos, ofrecía sacrificios por esta intención y compartía su comida con los pobres. Enfermó a finales de 1918. En enero de 1920 fue llevada a Lisboa, donde fue sometida en el hospital a una grave operación. Ofreció a Dios los dolores de la enfermedad y la separación de sus seres queridos. Murió a última hora de la noche del 20 de febrero de 1920, sola, lejos de su familia.
El proceso de beatificación de ambos fue abierto por el obispo de Leiria en 1952. Juan Pablo II los beatificó en Fátima el 13 de mayo de 2000 y fijó su memoria común el 20 de febrero. En aquella ocasión dio gracias a Jacinta por sus oraciones y sacrificios por el Santo Padre. El papa Francisco canonizó a los dos hermanos el 13 de mayo de 2017, también en Fátima, en el centenario de la primera aparición. El Martirologio Romano menciona a Jacinta el 20 de febrero y a Francisco el 4 de abril, días de su muerte. Ambos reposan en la basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima.