Santos Cristóbal Magallanes y compañeros
Mártires, presbíteros y laicos, víctimas de la persecución en México
Los santos Cristóbal Magallanes y compañeros son veinticinco mártires de México: veintidós sacerdotes diocesanos y tres laicos. Murieron entre 1915 y 1937, la mayoría durante la persecución de la Iglesia entre 1926 y 1928. La Iglesia los recuerda juntos el 21 de mayo, aniversario de su canonización.
En las primeras décadas del siglo XX, las autoridades mexicanas aprobaron leyes dirigidas contra la Iglesia. En 1926 se suspendió el culto público, se expulsó a los sacerdotes extranjeros y se cerraron las escuelas católicas. Una parte de los fieles tomó las armas; esa resistencia armada pasó a la historia como el levantamiento cristero. Casi todos los sacerdotes tuvieron que dejar sus comunidades, pero cerca de un centenar permaneció junto a los fieles a pesar del peligro, para administrar los sacramentos, enseñar y visitar a los enfermos. Entre ellos estaban los sacerdotes de este grupo. La Santa Sede subrayó que se mantuvieron al margen de la política y no tomaron parte en la lucha armada.
Cristóbal Magallanes nació el 30 de julio de 1869 en Totatiche, en el estado de Jalisco, y en 1899 recibió la ordenación sacerdotal. Fue párroco de su pueblo natal y misionero entre los indígenas huicholes. Difundió el rezo del Rosario y, cuando las autoridades cerraron el seminario de Guadalajara, abrió un seminario en su parroquia. Rechazaba la violencia y lo escribió también en la prensa. Detenido el 21 de mayo de 1927 y acusado de apoyar el levantamiento, fue fusilado sin juicio el 25 de mayo en Colotlán junto con su vicario, el padre Agustín Caloca. Lo animaba diciéndole que era solo un momento y después el cielo. Declaró que moría inocente y pidió a Dios que su sangre sirviera para la unión de los mexicanos.
El primero de los compañeros, el padre David Galván, fue asesinado en Guadalajara ya en 1915. El último, el padre Pedro Maldonado, murió en 1937 en Chihuahua, golpeado el día anterior. Los sacerdotes trabajaban en las diócesis de Guadalajara, Durango, Chilpancingo-Chilapa, Morelia y Colima. La mayoría de ellos fueron fusilados, algunos ahorcados. Muchos murieron gritando: «¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!».
Los tres laicos, Manuel Morales, Salvador Lara y David Roldán, eran jóvenes miembros de la Acción Católica y ayudaban al padre Luis Batis, párroco de Chalchihuites. Intentaron defenderlo y fueron asesinados junto con él en agosto de 1926. Manuel tenía veintiocho años, esposa y tres hijos pequeños. Antes de ser fusilado dijo que él moría, pero Dios no muere, y que Él cuidaría de su esposa y de sus hijos.
Juan Pablo II los beatificó el 22 de noviembre de 1992, solemnidad de Cristo Rey, y los canonizó el 21 de mayo de 2000 en la plaza de San Pedro, durante el Gran Jubileo. En la homilía dijo que todos aceptaron el martirio libre y serenamente, perdonando explícitamente a sus perseguidores. El Martirologio Romano recuerda también a Cristóbal Magallanes y a Agustín Caloca el 25 de mayo, día de su muerte.