Santos Benito, Juan, Mateo, Isaac y Cristiano

† 1003

Mártires, ermitaños y misioneros en tiempos de Boleslao el Intrépido

Los santos Benito, Juan, Mateo, Isaac y Cristiano, llamados los Cinco Hermanos Mártires, fueron ermitaños que, en tiempos de Boleslao el Intrépido, preparaban en Polonia una misión entre los paganos. En noviembre de 1003 fueron asesinados por unos ladrones. La Iglesia en Polonia los venera como sus primeros mártires. El Martirologio Romano los recuerda el 12 de noviembre, mientras que en Polonia su memoria se celebra el 13 de noviembre.

Benito era natural de Benevento, en Italia. Fue ordenado sacerdote siendo joven, después se hizo monje y finalmente ermitaño. Junto con Juan, se contaba entre los discípulos de san Romualdo y pertenecía a su comunidad de Pereum, cerca de Rávena. También fue monje en Pereum san Bruno de Querfurt, amigo de Benito, que pocos años después de la muerte de los hermanos escribió su historia.

El emperador Otón III transmitió a Romualdo la petición de Boleslao el Intrépido, que deseaba misioneros que retomaran la obra interrumpida por la muerte de san Adalberto. En 1001 Benito y Juan partieron de Rávena y cruzaron los Alpes. Boleslao los recibió con benevolencia y les construyó un eremitorio en el lugar que ellos mismos eligieron. Se les unieron tres eslavos: los novicios Mateo e Isaac y Cristiano, el cocinero de la comunidad. Los monjes italianos aprendían la lengua del lugar y esperaban a Bruno, que debía traer de Roma el permiso del papa para la misión.

Pero Bruno no llegaba. Tras la muerte de Otón III, en enero de 1002, estalló la guerra entre Boleslao y el rey alemán Enrique II. El duque dio a los ermitaños diez libras de plata para el viaje a Roma, pero cuando el viaje resultó imposible, Benito devolvió el dinero.

En la noche del 10 al 11 de noviembre de 1003, unos hombres armados asaltaron el eremitorio, convencidos de que la plata seguía allí. Según Bruno, el primero en morir a espada fue Juan, que había hablado con los asaltantes, y después de él Benito. Isaac, antes de morir, bendijo a sus asesinos. Mateo, atravesado por las lanzas, cayó cerca de la iglesia. Cristiano, como escribe Bruno, se defendió con un trozo de madera, mientras que el Martirologio Romano indica que fue ahorcado en el patio de la pequeña iglesia. Los ladrones no encontraron el dinero.

Los muertos fueron sepultados por Unger, obispo de Poznań. Bruno escribe que el papa, cuando le informaron de su muerte, ordenó que se los venerara como santos mártires. El papa era entonces Juan XVIII. Las reliquias de los hermanos fueron trasladadas a Gniezno, de donde, a finales de los años treinta del siglo XI, el duque de Bohemia Bretislao se las llevó a Praga. En el siglo XVI una parte de ellas llegó a Kazimierz Biskupi.

No se sabe dónde estaba el eremitorio, porque las fuentes más antiguas no dan el nombre del lugar. Desde la Edad Media se señalaba Kazimierz Biskupi, cerca de Konin, y el Martirologio Romano repite ese nombre. Hoy los historiadores se inclinan casi siempre por Międzyrzecz o sus alrededores. En 1997, en Gorzów Wielkopolski, san Juan Pablo II llamó a los mártires los testigos más antiguos de Cristo en tierra polaca, junto con san Adalberto.