Santos Áquila y Priscila
Esposos, fabricantes de tiendas, colaboradores de san Pablo apóstol
Los santos Áquila y Priscila fueron un matrimonio de la primera generación cristiana y colaboradores de san Pablo apóstol. Lo que sabemos de ellos procede de los Hechos de los Apóstoles y de las cartas de Pablo, que los llamó sus colaboradores en Cristo Jesús. El Martirologio Romano los recuerda juntos el 8 de julio.
Ambos eran judíos. Áquila procedía del Ponto, una región a orillas del mar Negro, y su esposa, a la que Pablo llama Prisca y Lucas Priscila, era probablemente romana. Vivían en Roma hasta que el emperador Claudio ordenó a todos los judíos abandonar la ciudad. Entonces se trasladaron a Corinto. No se sabe con exactitud cuándo abrazaron la fe en Cristo. Benedicto XVI dedujo que ya eran cristianos en los años cuarenta del siglo primero, antes de conocer a Pablo.
En Corinto, a comienzos de los años cincuenta, los conoció Pablo. Ejercían el mismo oficio que él, fabricaban tiendas, de modo que el Apóstol se alojó en su casa y trabajó con ellos. En Corinto permaneció un año y medio. Cuando zarpó hacia Siria, el matrimonio lo acompañó, y él los dejó en Éfeso. Allí escucharon a Apolo, un judío erudito de Alejandría que enseñaba con fervor lo referente a Jesús, pero solo conocía el bautismo de Juan. Lo tomaron consigo y le expusieron con más exactitud el camino de Dios.
Su casa era un lugar donde se reunía la Iglesia. Al escribir desde Éfeso la Primera Carta a los Corintios, Pablo envió los saludos de ambos esposos y de la Iglesia que se reunía en su casa. Benedicto XVI recordaba que los primeros cristianos no tenían lugares de culto propios: escuchaban la Palabra de Dios y celebraban la Eucaristía en las casas de los creyentes. La Sagrada Escritura nombra varias veces a Priscila antes que a su marido. No se conoce el motivo.
Más tarde los esposos volvieron a Roma y también allí acogieron a la comunidad en su casa. En la Carta a los Romanos, Pablo los saluda como quienes expusieron su cabeza para salvarle la vida, y añade que les están agradecidas todas las Iglesias de los gentiles. No se sabe de qué peligro se trataba. Benedicto XVI pensaba en alguno de los encarcelamientos del Apóstol, quizá en Éfeso. La Escritura los menciona por última vez en la Segunda Carta a Timoteo, donde Pablo pide que se los salude.
No se sabe cuándo ni dónde murieron. La tradición hagiográfica posterior dio un relieve particular a Priscila, pero, como observó Benedicto XVI, no es seguro que sea la misma persona que otra Priscila, mártir. Áquila y Priscila no pasaron por un proceso de canonización, que la Iglesia de los primeros siglos no conocía. Benedicto XVI y Francisco los presentaron como modelo de esposos comprometidos de manera responsable al servicio de toda la comunidad cristiana y como ejemplo de que cada casa puede convertirse en una pequeña iglesia.