Santos Andrés Zoerardo y Benito
Eremitas, patronos de las diócesis de Nitra y Tarnów
Los santos Andrés Zoerardo y Benito fueron ermitaños que vivieron en la primera mitad del siglo XI en el entonces Reino de Hungría, en el territorio de la actual Eslovaquia. El Martirologio Romano afirma que llegaron de Polonia a petición del rey san Esteban y llevaron una vida muy austera en la ermita del monte Zobor, cerca de Nitra. La Iglesia los recuerda el 17 de julio.
De Zoerardo se sabe poco. Según una carta de Juan Pablo II de 1983, nació en Polonia hacia el año 980 en una familia campesina pobre. En Polonia se le llama Świerad, en Eslovaquia Svorad y en las fuentes latinas Zoerardus. Una tradición polaca, recogida en el siglo XV por Jan Długosz, lo vincula con una ermita en Tropie, a orillas del río Dunajec, donde habría vivido muchos años antes de partir hacia Hungría.
En Hungría ingresó en el monasterio benedictino de San Hipólito, en el monte Zobor, y tomó el nombre religioso de Andrés. Con más de cuarenta años, y con el consentimiento del abad Felipe, se retiró a una ermita que los textos pontificios sitúan en Skalka, a orillas del río Váh, cerca de Trenčín. De día trabajaba duramente talando árboles y pasaba las noches en oración, velando sobre un tronco rodeado de espinas y puntas para no dormirse. En Cuaresma, según se ha transmitido, comía una nuez al día y a menudo desfallecía de hambre. Tras su muerte se descubrió que llevaba sobre el cuerpo una cadena de hierro, hundida profundamente en su carne.
El año de la muerte de Andrés no es seguro: Juan Pablo II lo situó hacia 1034, mientras que otros estudios proponen fechas anteriores. Fue sepultado en Nitra, en la iglesia de San Emerano, y junto a su tumba, según refieren las fuentes, se produjeron milagros. Su discípulo Benito se instaló después de él en la misma ermita y llevó una vida semejante. Tres años después de la muerte de su maestro lo mataron unos bandidos que buscaban un tesoro, y arrojaron su cuerpo al Váh. Según la leyenda, fue hallado gracias a un águila que velaba sobre aquel lugar. Benito fue sepultado junto a su maestro, y Juan Pablo II lo llamó mártir.
La fuente más antigua sobre los dos ermitaños es una breve Vida escrita en la segunda mitad del siglo XI por Mauro, benedictino y después obispo de Pécs. Siendo joven alumno de la escuela monástica conoció a Zoerardo, y reunió también noticias sobre él gracias a Benito y al abad Felipe.
En 1083 ambos ermitaños fueron reconocidos como santos. Juan Pablo II recordó que entonces el papa Gregorio VII aprobó el culto de Andrés a petición del rey Ladislao de Hungría. Ese mismo año fueron proclamados santos en Hungría también el rey Esteban y su hijo Emerico. Las reliquias de los dos ermitaños reposan en la catedral de Nitra. Son patronos principales de la diócesis de Nitra y patronos secundarios de la diócesis de Tarnów.