Santos Agustín Zhao Rong y compañeros
Mártires, fieles chinos y misioneros, en su mayoría laicos
Los santos Agustín Zhao Rong y compañeros son 120 mártires que, entre 1648 y 1930, dieron la vida por Cristo en China. Ochenta y siete de ellos eran chinos y treinta y tres, misioneros venidos de Europa. Entre ellos hay obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y catequistas, pero los más numerosos son los laicos: padres y madres de familia, jóvenes y niños. La Iglesia los recuerda juntos el 9 de julio.
El primer mártir de este grupo fue el dominico español Francisco Fernández de Capillas, decapitado tras un largo encarcelamiento en Fu'an, en la provincia de Fujian, el 15 de enero de 1648. En 1747 y 1748 fueron asesinados el obispo Pedro Sans i Jordà y cuatro sacerdotes de su orden.
Agustín Zhao Rong nació en 1746 en Wuchuan. Como soldado escoltó a cristianos presos y quedó impresionado por su perseverancia; según la biografía publicada por la Santa Sede, entre ellos estaba el misionero francés Juan Gabriel Taurino Dufresse. Zhao Rong recibió el bautismo y llegó a ser sacerdote, ejerciendo el ministerio en la clandestinidad. En la persecución de 1815 fue encarcelado en Sichuan y murió a consecuencia de las torturas, en un día que no se conoce. Ese mismo año el obispo Dufresse fue decapitado en Chengdu.
La mayoría de ellos murió en 1900, durante la rebelión de los bóxers, llamados Yihetuan, cuando un edicto ordenaba obligar a los cristianos a abandonar la fe bajo pena de muerte. En Taiyuan, el 9 de julio, fueron asesinados los obispos franciscanos Gregorio Grassi y Francisco Fogolla con veinticuatro compañeros, entre ellos siete Franciscanas Misioneras de María y seminaristas y laicos chinos. Fogolla respondió al gobernador que alzaba la espada contra él que nunca habían hecho mal a nadie y que, al contrario, habían hecho el bien a muchos.
En Hebei murieron padres junto con sus hijos; los mártires más jóvenes tenían nueve años y el mayor, setenta y nueve. Ana Wang, de catorce años, dijo antes de ser decapitada que la puerta del cielo está abierta para todos. El catecúmeno Chi Zhuzi, de dieciocho años, a quien habían cortado el brazo derecho, gritaba que cada gota de su sangre diría que era cristiano. María Guo Lizhi sostuvo a siete miembros de su familia, a los que acompañó hasta el lugar del suplicio. Marcos Ji Tianxiang, apartado de la Eucaristía durante treinta años por su adicción al opio, nunca dejó de pedir una buena muerte y confesó la fe ante sus jueces.
Los últimos del grupo, los salesianos Luis Versiglia, obispo, y Calixto Caravario, sacerdote, fueron asesinados en 1930. Los mártires fueron beatificados en varios grupos a partir de 1893, sucesivamente por León XIII, Pío X, Pío XII y Juan Pablo II. Juan Pablo II los canonizó a todos juntos el 1 de octubre de 2000 en la plaza de San Pedro. En la homilía dijo que la Iglesia solo quiere reconocer que esos mártires son un ejemplo de valentía y de coherencia para todos nosotros y que honran al noble pueblo chino.