Santo Tomás Becket
Obispo · † 1170
Obispo de Canterbury y mártir, antiguo canciller de Inglaterra, defensor de la Iglesia
Santo Tomás Becket fue arzobispo de Canterbury y mártir. Primero canciller y amigo del rey Enrique II de Inglaterra, como obispo salió en defensa de la libertad de la Iglesia y lo pagó con el destierro y, al final, con la vida. La Iglesia lo recuerda el 29 de diciembre, día de su muerte.
Nació en Londres un 21 de diciembre, hijo del mercader Gilberto y de Matilde, oriundos de Normandía. El año de su nacimiento no se conoce con certeza: las fuentes dan 1118 o 1120. Estudió con los canónigos de Merton y después en París. Siendo joven entró en el círculo de Teobaldo, arzobispo de Canterbury, quien lo envió a estudiar derecho a Bolonia y Auxerre y en 1154 lo ordenó diácono y le confió el cargo de arcediano de Canterbury.
En 1155 el joven rey Enrique II lo nombró canciller del reino. Tomás se convirtió en el colaborador más cercano y amigo del soberano. Vivía con gran boato, acompañaba al rey en las cacerías y en las campañas militares, y al mismo tiempo era generoso con los pobres.
Tras la muerte de Teobaldo, el rey hizo que Tomás fuera elegido arzobispo de Canterbury. A comienzos de junio de 1162 Tomás, hasta entonces diácono, recibió la ordenación sacerdotal y al día siguiente la consagración episcopal. Desde entonces cambió de vida: renunció al cargo de canciller, oraba, ayunaba, llevaba cilicio y socorría a los pobres. Pronto entró en conflicto con el rey, que quería someter a la Iglesia en Inglaterra. En 1164 se negó a poner su sello en las Constituciones de Clarendon, que limitaban la independencia de los tribunales eclesiásticos y el derecho de apelar al papa.
En el otoño de 1164, después de un juicio en Northampton, el arzobispo abandonó Inglaterra en secreto. En Francia el papa Alejandro III no aceptó su renuncia al cargo. Tomás vivió con los cistercienses de Pontigny y, cuando Enrique II amenazó a esa orden, se trasladó a Sens bajo la protección del rey Luis VII de Francia. El destierro duró seis años.
En el verano de 1170 se llegó a una reconciliación con el rey y a comienzos de diciembre Tomás regresó a Canterbury. Sin embargo, el conflicto se reavivó cuando el arzobispo no accedió a levantar las penas eclesiásticas a los obispos que, contra los derechos de Canterbury, habían coronado al hijo del rey. Cuatro caballeros tomaron al pie de la letra las palabras de ira que se le escaparon a Enrique II. El 29 de diciembre de 1170, a la hora de vísperas, mataron al arzobispo a golpes de espada en su catedral. Según el relato de un testigo presencial, antes de morir dijo que estaba dispuesto a morir por el nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia.
La noticia del crimen conmovió a la Europa cristiana, y el pueblo comenzó de inmediato a venerar a Tomás como mártir. El papa Alejandro III lo canonizó el 21 de febrero de 1173. Al año siguiente Enrique II hizo penitencia pública junto a su tumba. Canterbury se convirtió en uno de los destinos de peregrinación más importantes de la Europa medieval; el santuario fue destruido en 1538, durante el reinado de Enrique VIII. En 1982 Juan Pablo II recordó en la catedral de Canterbury que bajo su techo santo Tomás Becket sufrió el martirio.