
Santo Domingo de Silos
Monje · † 1073
Abad, antes ermitaño, restaurador del monasterio de Silos
Santo Domingo de Silos fue un abad benedictino que en el siglo XI levantó de su decadencia el monasterio de Silos, en Castilla, y restableció en él la disciplina monástica y la alabanza de Dios de día y de noche. Antes había sido sacerdote y ermitaño. La Iglesia lo recuerda el 20 de diciembre.
Nació hacia el año 1000 en Cañas, en la actual región de La Rioja, que entonces pertenecía al reino de Navarra. No se conoce el año exacto de su nacimiento. De niño cuidó durante algunos años las ovejas de su familia; después empezó a estudiar y fue ordenado sacerdote. La fuente más antigua sobre él es la vida escrita por Grimaldo, monje de Silos, que había sido discípulo suyo.
Durante un año y medio fue sacerdote en su pueblo natal, y luego se retiró otro año y medio a vivir como ermitaño. Hacia 1030 ingresó en la abadía benedictina de San Millán de la Cogolla. Allí se le encomendó restaurar el priorato de Santa María de Cañas, que estaba en ruinas, y con el tiempo llegó a ser prior de San Millán. Fue entonces cuando el rey de Navarra, García el de Nájera, exigió los bienes del monasterio. Domingo se negó, perdió su cargo y tuvo que abandonar el reino.
Se refugió en Castilla, junto al rey Fernando I. Este le confió en 1041 el monasterio de San Sebastián de Silos, decaído y casi en ruinas. Domingo fue su abad y lo gobernó durante casi treinta y tres años. Reconstruyó la iglesia y las dependencias monásticas, y la tradición de la abadía vincula a su gobierno los comienzos del claustro románico. Devolvió a la comunidad la fidelidad a la regla y la oración común. En el scriptorium del monasterio se copiaban libros.
Ya en vida tuvo fama de santidad. Trabajó por la liberación de los cristianos llevados cautivos por los moros, y después de su muerte muchos cautivos atribuyeron a su intercesión la libertad recobrada. Por eso se lo representa con cadenas y se lo venera como patrono de los cautivos.
Murió en Silos el 20 de diciembre de 1073 y fue sepultado en el claustro del monasterio. Pronto empezaron a acudir peregrinos a su sepulcro. En 1076 el obispo mandó trasladar solemnemente su cuerpo a la iglesia de la abadía, lo que en aquel tiempo equivalía a reconocer al difunto como santo. Sucedió cuando todavía no existía un proceso formal de canonización; Domingo es venerado como santo desde el siglo XI, y su nombre figura en el Martirologio Romano. Con el tiempo el monasterio tomó su nombre.
Según la tradición, casi cien años después rezó ante su sepulcro la beata Juana de Aza, de la cercana Caleruega, y en su honor puso el nombre de Domingo a su hijo, el futuro fundador de la Orden de Predicadores. Al abad de Silos acudían también las mujeres que esperaban un hijo, y durante siglos su báculo fue llevado a las reinas de España para el momento del parto. En la abadía de Santo Domingo de Silos, donde reposan sus reliquias, viven hasta hoy monjes benedictinos.