Santas Mártires de Compiègne

† 1794

Vírgenes y mártires, carmelitas descalzas, víctimas de la Revolución francesa

Las Santas Mártires de Compiègne son dieciséis carmelitas descalzas del monasterio de Compiègne, en Francia, que durante la Revolución francesa murieron guillotinadas en París el 17 de julio de 1794. La comunidad estaba guiada por su priora, Teresa de San Agustín (Marie-Madeleine-Claudine Lidoine), nacida en París en 1752. La Iglesia las recuerda el 17 de julio, día de su martirio.

El monasterio de Compiègne fue una de las fundaciones surgidas en Francia tras la llegada al país de la beata Ana de Jesús, discípula de santa Teresa de Ávila. Entre las mártires había diez monjas de coro, una novicia, tres hermanas legas y dos hermanas externas, Catherine y Thérèse Soiron, hermanas de sangre, que desde hacía años servían a la comunidad. Las de más edad tenían casi ochenta años.

Tras el estallido de la Revolución, algunos funcionarios acudieron al monasterio para interrogar a las monjas e inducirlas a abandonar la vida religiosa, pero las hermanas se negaron. En 1792, mientras crecía la violencia, la priora propuso a la comunidad ofrecer a Dios su vida por la paz de la Iglesia y del Estado. Las hermanas renovaron este acto cada día hasta su muerte. En septiembre de 1792 fueron expulsadas del monasterio. Vestidas de seglares y divididas en cuatro grupos que vivían en distintas partes de la ciudad, continuaron su vida de oración y penitencia bajo la guía de la priora.

En junio de 1794 fueron descubiertas, denunciadas y arrestadas, y después trasladadas a París y encerradas en la cárcel de la Conciergerie. También allí conservaron la calma y la confianza en Dios. El 16 de julio, fiesta de Nuestra Señora del Carmen, cantaron en la prisión himnos de alegría. Al día siguiente el tribunal revolucionario las condenó a muerte. Se las acusó de fidelidad a la vida religiosa y de «fanatismo», como se llamó a su devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

Ese mismo día fueron llevadas en dos carretas al lugar de la ejecución, la actual plaza de la Nación. Por el camino cantaron salmos. Al pie del cadalso entonaron el «Veni Creator» y renovaron las promesas del bautismo y los votos religiosos, mientras la priora bendecía a cada una. La primera en morir fue la más joven, la novicia Constanza, cantando el salmo «Laudate Dominum». Los cuerpos de las mártires fueron arrojados a una fosa común en el jardín del antiguo convento de Picpus, junto con los de muchas otras víctimas del Terror. Diez días después cayó Robespierre y terminó el Terror.

Muchos detalles de su vida y de su muerte los transmitió sor María de la Encarnación, carmelita de la misma comunidad, que en el momento del arresto se encontraba lejos de Compiègne y sobrevivió, y que más tarde escribió la historia de sus hermanas. El papa Pío X beatificó a las mártires el 27 de mayo de 1906. El 18 de diciembre de 2024 el papa Francisco extendió su culto a toda la Iglesia y las inscribió en el catálogo de los santos mediante una canonización equipolente, que no requiere la aprobación de un milagro.