
Santa Teresa del Niño Jesús
Monja · 1873-1897
Virgen, carmelita, doctora de la Iglesia, patrona de las misiones
Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, conocida también como Teresa de Lisieux, fue una carmelita descalza francesa y es doctora de la Iglesia. Vivió solo veinticuatro años, nueve de ellos en la clausura del Carmelo, y después de su muerte llegó a ser una de las santas más conocidas y queridas. Su memoria litúrgica se celebra el 1 de octubre.
Nació el 2 de enero de 1873 en Alençon, en Normandía, y fue la menor de los nueve hijos de Luis y Celia Martin, a quienes la Iglesia venera también como santos. Cuatro de sus hermanos murieron en la infancia y las cinco hijas eligieron la vida religiosa. Su madre murió el 28 de agosto de 1877, cuando Teresa tenía cuatro años, y su padre se trasladó con sus hijas a Lisieux. De niña, Teresa enfermó gravemente; atribuyó a María su curación, ocurrida el día de Pentecostés de 1883, y la llamó la «sonrisa de la Virgen».
Consideró un momento decisivo la Navidad de 1886, que llamó su «completa conversión»: superó entonces su hipersensibilidad infantil. Deseaba entrar en el Carmelo de Lisieux, donde ya estaban dos de sus hermanas, pero era demasiado joven. Durante una peregrinación a Roma, en la audiencia del 20 de noviembre de 1887, pidió permiso al propio papa León XIII. Entró en el monasterio el 9 de abril de 1888, a los quince años. Quería, como escribió, «salvar las almas y rezar por los sacerdotes». Hizo su profesión religiosa el 8 de septiembre de 1890.
Sufrió mucho por la enfermedad de su padre, que murió el 29 de julio de 1894. En el Carmelo descubrió el «caminito» de la infancia espiritual y lo enseñó a las novicias que tenía confiadas. Es un camino de confianza y de amor: no consiste en grandes obras, sino en la fidelidad en las cosas cotidianas, en apariencia insignificantes, y en abandonarse en Dios como un niño se abandona en su padre. En la solemnidad de la Santísima Trinidad, el 9 de junio de 1895, Teresa hizo su Ofrenda al Amor misericordioso. Viviendo en la clausura, sostuvo con la oración y con sus cartas a unos misioneros a quienes llamaba sus hermanos.
En la noche del Jueves Santo al Viernes Santo de 1896 aparecieron los primeros síntomas de la tuberculosis. Al mismo tiempo comenzó una dolorosa prueba de la fe, que duró hasta el final de su vida; Teresa la ofreció por los no creyentes. En sus últimos años, a petición de sus superioras y de una de sus hermanas de sangre, puso por escrito recuerdos y reflexiones, conservados en tres manuscritos. Murió el 30 de septiembre de 1897 en el Carmelo de Lisieux con las palabras «Dios mío, te amo» en los labios.
Un año después se publicó Historia de un alma, basada en sus manuscritos; el libro se tradujo pronto a muchas lenguas. El papa Pío XI beatificó a Teresa el 29 de abril de 1923 y la canonizó el 17 de mayo de 1925, y el 14 de diciembre de 1927 la proclamó, junto con san Francisco Javier, patrona de las misiones. En 1944 Pío XII la contó entre las patronas de Francia. San Juan Pablo II la proclamó doctora de la Iglesia el 19 de octubre de 1997.