Santa Rosa Venerini

Virgen · 1656-1728

Virgen, fundadora de escuelas para niñas y de las Maestras Pías Venerini

Santa Rosa Venerini, de Viterbo, dedicó su vida a la educación de las niñas y dio origen a las Maestras Pías Venerini. El Martirologio Romano la recuerda el 7 de mayo, aniversario de su muerte, como la que abrió en Italia las primeras escuelas para niñas.

Nació en Viterbo el 9 de febrero de 1656, una de los cuatro hijos del médico Goffredo Venerini y de Marzia Zampichetti. Según su primer biógrafo, el jesuita Girolamo Andreucci, a los siete años hizo voto de consagrar su vida a Dios. En su juventud vivió dividida entre el atractivo del mundo y la promesa hecha. Cuando murió de improviso el joven que pretendía su mano, comprendió que todo pasa y se entregó por entero a Cristo.

En el otoño de 1676, con el consentimiento de su padre, fue a vivir al monasterio dominico de Santa Catalina de Viterbo para discernir su vocación. A los pocos meses la muerte prematura de su padre la obligó a volver a casa para cuidar de su madre, y poco después murieron también su hermano y su madre. Desde 1684 invitaba a su casa a las jóvenes y mujeres del vecindario para rezar juntas el rosario y, al ver lo poco que conocían las verdades de la fe, comenzó a enseñarles. Su director espiritual, el jesuita Ignazio Martinelli, tras una larga oración juzgó que su camino era la enseñanza de las niñas y no el claustro.

El 30 de agosto de 1685, con la aprobación del obispo de Viterbo, el cardenal Urbano Sacchetti, abrió con dos compañeras una escuela en la que las niñas pobres aprendían gratuitamente las verdades de la fe, la lectura y las labores domésticas. Así nacieron las Maestras Pías. Benedicto XVI subrayó que Rosa no se contentaba con instruir a las niñas, sino que se preocupaba por su formación completa, fundada en la enseñanza de la Iglesia.

De 1692 a 1694, por invitación del cardenal Marco Antonio Barbarigo, obispo de Montefiascone, abrió una decena de escuelas en Montefiascone y en los pueblos alrededor del lago de Bolsena. Confió su dirección a su alumna, la futura santa Lucía Filippini. Fundó escuelas también en otros lugares, a menudo en medio de oposiciones: según la carta de beatificación, alguien disparó contra las maestras y prendió fuego a su casa.

En 1706 llegó a Roma, pero el primer intento fracasó. Solo en 1713 abrió una escuela en el centro de la ciudad, al pie del Capitolio. El 24 de octubre de 1716 la visitó el papa Clemente XI y, según se ha transmitido, le dijo que ella hacía lo que él mismo no podía hacer. Le gustaba repetir que estaba tan clavada en la voluntad divina que no le importaban ni la muerte ni la vida: quería vivir cuanto Dios quisiera y servirle cuanto a él le agradara, y nada más.

Murió en Roma la tarde del 7 de mayo de 1728, dejando más de cuarenta escuelas. Fue sepultada en la iglesia del Gesù de Roma. Pío XII la beatificó el 4 de mayo de 1952 y Benedicto XVI la canonizó el 15 de octubre de 2006 en la plaza de San Pedro.