Santa Rosa de Lima

Laico · 1586-1617

Virgen, terciaria dominica laica, patrona de América Latina

Santa Rosa de Lima fue una terciaria dominica laica del Perú. En la casa de sus padres llevó una vida de oración y penitencia, trabajó duramente para sostener a su familia y atendió a los pobres y a los enfermos. Es la primera santa canonizada del Nuevo Mundo. La Iglesia la recuerda el 23 de agosto, víspera del día de su muerte.

Nació en Lima el 20 de abril de 1586, una de los trece hijos de Gaspar de Flores y María de Oliva, familia de origen español. En el bautismo recibió el nombre de Isabel, pero en casa la llamaban Rosa, y el arzobispo de Lima, santo Toribio de Mogrovejo, le confirmó este nombre al administrarle el sacramento de la confirmación. Más tarde añadió a su nombre «de Santa María». Ya de niña eligió como modelo a santa Catalina de Siena y decidió pertenecer solo a Dios.

Cuando fracasaron los negocios de su padre, la familia cayó en la pobreza. Rosa ayudó a sostenerla trabajando en el huerto y bordando hasta altas horas de la noche. Sus padres querían casarla, pero durante años ella se mantuvo firme en su propósito. Pensó en el convento, pero permaneció como virgen en el mundo: hacia los veinte años recibió el hábito de la Tercera Orden de Santo Domingo. En un rincón del jardín se hizo una celda diminuta, donde rezaba y trabajaba, y de la que salía sobre todo para ir a la iglesia.

Ayunaba, se abstenía de carne y practicaba severas mortificaciones, tal como las conocía la espiritualidad de su época. El Martirologio Romano dice que las ofrecía por la conversión de los pecadores y de los indios, por quienes deseaba dar la vida. Pedía a Dios que aumentara sus sufrimientos, con tal de que con ellos aumentara en ella el amor. Estando aún con vida, una comisión de eclesiásticos y de sabios examinó sus experiencias místicas y las reconoció como un don de la gracia.

En la casa de su madre dispuso un refugio para los necesitados. Acogía a mujeres pobres y enfermas, a niños abandonados y a ancianos, en su mayoría indios, y los cuidaba con sus propias manos. A su madre, que se quejaba del mal olor de su ropa después de haber atendido a una enferma, le respondió que, sirviendo a los enfermos, somos el buen olor de Cristo. El papa Francisco, al orar en 2018 en la catedral de Lima ante las reliquias de los santos peruanos, recordó su oración, su penitencia y su caridad.

Pasó sus últimos años en la casa de Gonzalo de la Maza, funcionario de hacienda, y de su esposa. Allí, tras una grave enfermedad, murió el 24 de agosto de 1617, fiesta del apóstol Bartolomé, a los 31 años, invocando el nombre de Jesús. La bula de canonización recuerda que la lloraron sobre todo los mendigos de Lima, para quienes había sido una madre, y que a su entierro acudieron multitudes. Fue sepultada en la iglesia de los dominicos.

El papa Clemente IX la beatificó en 1668. Clemente X la proclamó en 1670 patrona principal de América y la canonizó el 12 de abril de 1671. Es también patrona del Perú y de Filipinas. La bula de canonización fijó su memoria el 30 de agosto; en el actual Calendario general se celebra el 23 de agosto.