
Santa Rita de Casia
Monja
Religiosa, esposa y madre, abogada de los casos desesperados
Santa Rita de Casia fue esposa y madre y, tras la muerte de su marido y de sus hijos, se hizo monja en el monasterio de las agustinas de Casia, en Umbría. Los fieles piden su intercesión en los casos difíciles y desesperados. La Iglesia la recuerda el 22 de mayo. Rita no dejó escritos, y muchos detalles de su vida se conocen por la tradición y por vidas escritas mucho después de su muerte.
Nació en Roccaporena, cerca de Casia. Se llamaba Margherita Lotti, y Rita es el diminutivo de ese nombre. El año de su nacimiento no es seguro: los estudiosos indican 1371 o 1381. Sus padres, Antonio Lotti y Amata Ferri, eran apreciados como pacificadores en las disputas entre familias enfrentadas. Aprendió la fe con los agustinos de Casia. Deseaba consagrarse a Dios en la vida religiosa, pero en contra de sus propios deseos se casó.
Su marido fue Paolo di Ferdinando di Mancino. El Martirologio Romano recuerda que soportó con paciencia su violencia y lo reconcilió con Dios. Tuvieron dos hijos. En un tiempo de luchas sangrientas entre facciones, el marido de Rita fue asesinado. Rita perdonó a los asesinos y, según la tradición, escondió la camisa ensangrentada de su marido para que sus hijos no buscaran venganza. Rezaba para que no se derramara más sangre. Poco después, ambos hijos murieron de una enfermedad.
Ya viuda, pidió ser admitida en el monasterio de Santa María Magdalena de Casia, donde las monjas vivían según la Regla de san Agustín. Al principio fue rechazada. Solo fue recibida cuando se reconciliaron las familias implicadas en el asesinato de su marido. En el monasterio pasó unos cuarenta años en oración y penitencia, y junto con sus hermanas cuidaba de los enfermos y de los pobres. La tradición cuenta que la superiora, queriendo probar su humildad, le mandó regar un leño seco, del que después brotó una vid.
Rita meditaba de modo especial la Pasión de Cristo. Durante los últimos quince años de su vida llevó en la frente una herida que la tradición relaciona con una espina de la corona del Crucificado. Según la tradición, en el invierno anterior a su muerte pidió a una pariente que le trajera del huerto de Roccaporena una rosa y dos higos, y la pariente los encontró allí de verdad. Por eso la rosa se convirtió en su signo. Murió en Casia en la noche del 21 al 22 de mayo. El año de su muerte, como el de su nacimiento, no es seguro: se indica 1447 o 1457. Su cuerpo nunca fue sepultado y reposa en la basílica de Casia.
El papa Urbano VIII, que había sido obispo de Spoleto, permitió en 1627 a los agustinos y a la diócesis de Spoleto celebrar en su honor la misa y el oficio, lo que equivalía a la beatificación. León XIII la proclamó santa el 24 de mayo de 1900. En el centenario de la canonización, el 20 de mayo de 2000, su cuerpo fue llevado a la plaza de San Pedro, y Juan Pablo II la presentó a las familias como signo de esperanza. Desde 2002 su memoria figura en el Calendario Romano General.