
Santa Narcisa de Jesús Martillo Morán
Laico · 1832-1869
Virgen, laica del Ecuador, costurera y catequista
Santa Narcisa de Jesús Martillo Morán fue una laica ecuatoriana, costurera y catequista, que entregó toda su vida a la oración y a la penitencia. No ingresó en una orden religiosa ni formó una familia, y vivió del trabajo de sus manos. El Martirologio Romano la recuerda el 8 de diciembre, día de su muerte.
Nació en 1832 en Nobol, cerca de Daule, en la costa del Ecuador, y fue la sexta de nueve hijos. Sus padres, Pedro Martillo y Josefa Morán, eran agricultores acomodados y personas de fe profunda. Perdió a su madre en 1838. Con la ayuda de una maestra y de su hermana mayor aprendió a leer, escribir, tocar la guitarra y coser.
Reconoció pronto la llamada a la santidad, sobre todo desde el día de su Confirmación, que recibió el 16 de septiembre de 1839, siendo una niña pequeña. Se retiraba con frecuencia a un bosquecillo cercano para orar en soledad, y convirtió en capilla una de las habitaciones de la casa. Tomó por modelo a santa Mariana de Jesús Paredes, que también había vivido como laica. Ayudaba en la casa y en el campo y enseñaba el catecismo a los niños del vecindario.
En enero de 1852 murió su padre. Narcisa, de diecinueve años, se trasladó a Guayaquil y permaneció allí hasta 1868. Vivía de su trabajo de costurera, socorría a pobres y enfermos, y cambió varias veces de vivienda para evitar la notoriedad. Compartió ideales, y durante un tiempo también casa, con la beata Mercedes de Jesús Molina, junto a la cual cuidó de huérfanos.
A la oración dedicaba, como recordó Juan Pablo II, ocho horas diarias en soledad y silencio y otras cuatro por la noche, y la unía a una dura penitencia. En todo se sometía al juicio de sus directores espirituales. Con el consentimiento de uno de ellos hizo en privado los votos de pobreza, obediencia y virginidad, pero quiso seguir siendo laica en el mundo. Los testigos declararon haberla visto varias veces en éxtasis.
En junio de 1868, siguiendo el consejo de su confesor, se embarcó para Lima, en el Perú. Vivió como laica en la casa de terciarias dominicas llamada del Patrocinio y guardó su regla, pero no hizo votos religiosos. Oró con fervor por la Iglesia ante la cercanía del Concilio Vaticano I y ofreció su vida por ella. Al anochecer del 8 de diciembre de 1869, solemnidad de la Inmaculada Concepción y día de la apertura del concilio, se despidió de las hermanas diciendo que emprendía un viaje muy largo. Poco después la hallaron muerta en su celda. Tenía 37 años.
Los habitantes de Lima, y luego los de Guayaquil y Nobol, la tuvieron enseguida por santa. En 1955 su cuerpo fue trasladado a Guayaquil; hoy reposa en el santuario de su Nobol natal, dedicado en 1998. Juan Pablo II la beatificó el 25 de octubre de 1992 y Benedicto XVI la canonizó el 12 de octubre de 2008 en la plaza de San Pedro. Habló entonces de ella como de una joven laica que muestra un camino de perfección cristiana asequible a todos los fieles.