Santa Mónica

Matrona · † 387

Viuda, madre de san Agustín

Santa Mónica nació en el año 332 en Tagaste (hoy Souk Ahras, en Argelia). Siendo muy joven la casaron con un funcionario romano pagano, hombre colérico e infiel. A los 22 años, Mónica dio a luz a su hijo Agustín. La juventud de este fue un tormento para su madre. Agustín llevaba una vida ociosa y se entregaba al libertinaje. Durante muchos años vivió sin casarse con una mujer, con la que tuvo un hijo, Adeodato. Se hizo miembro de la secta de los maniqueos.

Durante largos años, santa Mónica rezó con paciencia y perseverancia por Agustín, implorando su conversión. El obispo Ambrosio, más tarde santo, le dijo una vez: «Madre, estoy seguro de que el hijo de tantas lágrimas ha de volver a Dios». Y así sucedió. Agustín llegó a ser un gran santo y doctor de la Iglesia. En sus célebres «Confesiones» (su autobiografía espiritual) escribió que su madre lloraba por él «más de lo que lloran las madres sobre las tumbas de sus hijos». Y precisamente a las lágrimas y oraciones de su madre atribuía su conversión.

Santa Mónica es un ejemplo de oración paciente y perseverante por los hijos y los esposos. Es patrona de las mujeres cristianas, especialmente de las que atraviesan dificultades matrimoniales o viven un matrimonio fracasado, y de las que han sufrido decepciones con sus hijos o tienen problemas con ellos. También de las mujeres víctimas del adulterio, del alcoholismo, de las maldiciones y de las calumnias.