Santa María Magdalena de Pazzi

Monja · 1566-1607

Virgen, carmelita de Florencia, mística

Santa María Magdalena de Pazzi fue una carmelita de Florencia y una mística. Sus hermanas pusieron por escrito las palabras que pronunciaba durante sus éxtasis, y ella misma oró y sufrió por la renovación de la Iglesia. La Iglesia la recuerda el 25 de mayo, día de su muerte.

Nació en Florencia el 2 de abril de 1566, en la ilustre familia de los Pazzi, y en el bautismo recibió el nombre de Catalina. De niña fue confiada para su educación al monasterio de las religiosas de la Orden de Malta, donde el 25 de marzo de 1576 hizo su primera comunión. Pocos días después prometió a Dios su virginidad. En su casa creció en la vida de oración con la ayuda de los padres jesuitas.

En diciembre de 1582, a los dieciséis años, ingresó en el monasterio carmelita de Santa Maria degli Angeli en Florencia. El 30 de enero de 1583 recibió el hábito y el nombre de María Magdalena. En marzo de 1584 enfermó gravemente y pidió ser admitida a la profesión antes de tiempo. El 27 de mayo de ese año, solemnidad de la Santísima Trinidad, llevada al coro en una camilla, pronunció los votos de castidad, pobreza y obediencia.

Desde entonces vivió numerosos éxtasis, y sus hermanas recogieron sus palabras en cinco manuscritos. En 1585, durante ocho días, desde la vigilia de Pentecostés hasta la solemnidad de la Santísima Trinidad, la religiosa de diecinueve años habló en éxtasis de toda la obra de la salvación. Siguieron cinco años de dura prueba interior: perdió el sentimiento de la gracia y luchó contra muchas tentaciones.

Durante esta prueba, en el verano de 1586, conoció a la luz de la gracia el verdadero estado de la Iglesia después del Concilio de Trento. En éxtasis dictó doce cartas al papa Sixto V, a cardenales, al arzobispo de Florencia y a otros eclesiásticos, pidiendo la renovación de la Iglesia, comenzando por el clero y los religiosos. Probablemente las cartas nunca fueron enviadas. Cuando la prueba terminó, en Pentecostés de 1590, se dedicó al servicio de la comunidad, en particular a la formación de las novicias. Llamaba a sus hermanas con el grito «Venite ad amare l'Amore!», es decir, «¡Vengan a amar al Amor!».

Los últimos tres años de su vida estuvieron marcados por la tuberculosis. Se retiró poco a poco de la vida de la comunidad y soportó grandes sufrimientos del cuerpo y del espíritu, ofreciéndolos por amor a Dios. Murió el viernes 25 de mayo de 1607, hacia las tres de la tarde, a los 41 años.

Menos de veinte años después, en 1626, el papa Urbano VIII, también florentino, la proclamó beata, y el 28 de abril de 1669 Clemente IX la inscribió en el catálogo de los santos. Su cuerpo permaneció incorrupto y reposa en el monasterio dedicado a ella, en el barrio florentino de Careggi. El monasterio en el que vivió alberga hoy el Seminario arzobispal de Florencia, que la venera como patrona.