Santa María de la Encarnación Guyart
Monja · 1599-1672
Religiosa, viuda y madre, fundadora del monasterio de las ursulinas en Quebec
Santa María de la Encarnación, de nombre secular Marie Guyart, fue esposa, madre y viuda, y después ursulina. En 1639 partió de Francia hacia Canadá y fundó en Quebec el monasterio de las ursulinas. Juan Pablo II recordó que con razón se la ha llamado madre de la Iglesia católica en Canadá. La Iglesia la recuerda el 30 de abril.
Nació en Tours el 28 de octubre de 1599. Según ella misma contó, a los siete años el Señor le preguntó en sueños si quería pertenecerle, y ella respondió que sí. Aunque se sentía atraída por la vida religiosa, a los diecisiete años, conforme a la voluntad de sus padres, se casó con Claude Martin, artesano de la seda. Tras dos años de matrimonio enviudó y quedó sola con su hijo Claude, de pocos meses. Liquidó el negocio de su marido, abocado a la quiebra, y volvió sin bienes a la casa de su padre.
Rechazó un segundo matrimonio. Llevaba una profunda vida de oración en la que, como escribió, recibía gracias místicas particulares, mientras su cuñado le confiaba la dirección de su empresa de transportes. En enero de 1631 dejó a su hijo, que tenía entonces unos doce años, al cuidado de su hermana e ingresó en las ursulinas de Tours, donde tomó el nombre de María de la Encarnación. La separación fue dolorosa para ambos: el muchacho acudía al monasterio y gritaba que le devolvieran a su madre, y ella confesó más tarde cuánto había sufrido.
En el monasterio maduró su vocación misionera. El 4 de mayo de 1639 zarpó de Dieppe con otras dos ursulinas y tres hermanas hospitalarias; las acompañaba Madeleine de la Peltrie, que destinó sus bienes a la nueva fundación. El 1 de agosto llegaron a Quebec. María no volvió nunca a Francia.
Fue la primera superiora de las ursulinas en Nueva Francia. Las hermanas acogían y educaban juntas a niñas indígenas y francesas; fue la primera escuela de niñas de la colonia. María aprendió las lenguas de los pueblos del lugar y escribió en ellas diccionarios, catecismos y oraciones; compuso, entre otros, catecismos en las lenguas de los hurones, los iroqueses y los algonquinos. Cuando a finales de 1650 un incendio destruyó el monasterio, lo reconstruyó. Su puerta estaba abierta a todos, franceses e indígenas, que buscaban consejo, ayuda o refugio.
A petición de su hijo, que se había hecho benedictino, escribió una relación de su vida de oración. Bossuet la llamó la Teresa del Nuevo Mundo. Se conservan unas trescientas cartas suyas a familiares, amigos y bienhechores de Francia, valiosas también para la historia de Canadá; tras su muerte, su hijo publicó su vida y sus cartas. Murió en Quebec el 30 de abril de 1672.
Juan Pablo II la beatificó el 22 de junio de 1980, junto con Francisco de Laval. El 3 de abril de 2014 el papa Francisco la declaró santa mediante una canonización equipolente, extendiendo su culto a toda la Iglesia, y el 12 de octubre de ese año celebró en la basílica vaticana una misa de acción de gracias por la canonización de ambos.