
Santa María Bertila Boscardin
Monja · 1888-1922
Virgen, religiosa, enfermera en el hospital de Treviso
Santa María Bertila Boscardin fue una religiosa italiana de la Congregación de las Hermanas Maestras de Santa Dorotea, Hijas de los Sagrados Corazones, y enfermera en el hospital de Treviso. Su vida transcurrió en lo escondido, en el servicio diario a los enfermos. La Iglesia la recuerda el 20 de octubre, día de su muerte.
Nació el 6 de octubre de 1888 en Brendola, cerca de Vicenza, en una familia campesina pobre. En el bautismo recibió los nombres de Anna Francesca. En el hogar no faltaban las penas: la madre, mujer de fe profunda, sufrió mucho por parte de su marido, y san Juan XXIII recordaba que el llanto acompañó a menudo la infancia de la futura santa. Asistió a la escuela solo tres años, porque el estudio le resultaba difícil y en casa había pobreza. Trabajaba en el campo y en casa, y siendo todavía niña entró a servir en casas ajenas.
Su libro preferido era el catecismo, regalo de su párroco; lo leía una y otra vez y lo enseñaba a las niñas de su edad. En 1905, por consejo suyo, ingresó en Vicenza en las Hermanas de Santa Dorotea y tomó los nombres de María Bertila. Se la consideraba poco dotada, por lo que se le encomendaban los trabajos más sencillos y más pesados. Llamaba a su camino hacia Dios «el camino de los carros, el más común». Hizo sus votos religiosos el 8 de diciembre de 1907.
Siendo novicia fue enviada al hospital de Treviso, y volvió allí después de sus votos. Al principio trabajó en la cocina; luego, por necesidad, fue destinada a los niños enfermos de difteria. Para sorpresa de las hermanas y de los médicos, resultó ser una enfermera hábil, serena e incansable. Velaba a los enfermos día y noche y, al cuidar el cuerpo, no olvidaba el alma. A los 22 años ella misma fue operada de un tumor y volvió al trabajo.
Durante la Primera Guerra Mundial se llevaba al hospital a los soldados heridos, y Treviso era bombardeada desde el aire. Sor Bertila no dejaba a los enfermos y les infundía ánimo. Cuando el frente se acercó, partió con los enfermos hacia Viggiù, en Lombardía, donde atendió a soldados enfermos de los pulmones. La superiora de aquel lugar la juzgó injustamente y la mandó a lavar la ropa de los soldados. Lo aceptó sin oponerse. En 1919 fue llamada de nuevo a Vicenza, y cinco meses después volvió a Treviso, junto a los niños enfermos.
La enfermedad, que había ocultado durante mucho tiempo, reapareció. Los médicos diagnosticaron un tumor maligno, pero la operación ya no trajo mejoría. Sor Bertila murió en Treviso el 20 de octubre de 1922, a la edad de 34 años. Pío XII contaba que en el bolsillo de su hábito gastado se encontró un catecismo deteriorado, del que no se había separado hasta la muerte. Los fieles comenzaron a acudir en gran número a su tumba, en Treviso.
El papa Pío XII la beatificó el 8 de junio de 1952, y san Juan XXIII la canonizó el 11 de mayo de 1961, en la solemnidad de la Ascensión del Señor. Dijo entonces que su grandeza procede de la humildad, del sacrificio oculto a los ojos de los hombres y de la sencillez que nace del abandono confiado en Dios. Las reliquias de la santa reposan en Vicenza, en la casa madre de su congregación.