Santa Margarita de Cortona
Laico · 1247-1297
Penitente, terciaria franciscana, fundadora de un hospital en Cortona
Santa Margarita de Cortona fue una penitente y terciaria franciscana del siglo XIII. Durante años vivió con un hombre que no la tomó por esposa; tras la muerte de él se convirtió, emprendió una dura penitencia y se entregó al servicio de los enfermos y los pobres en Cortona, en la Toscana. La Iglesia la recuerda el 22 de febrero.
Nació en 1247 en Laviano, una aldea cercana al lago Trasimeno, en el límite entre Umbría y la Toscana, en una familia campesina pobre. De niña perdió a su madre y en su madrastra no encontró afecto. Siendo aún adolescente dejó su casa por un joven noble de Montepulciano, a quien la tradición llama Arsenio. Vivió en su castillo unos nueve años y le dio un hijo, pero no hubo boda: ella era campesina, él era noble.
El momento decisivo fue la muerte violenta de aquel hombre; la mayoría de los relatos habla de un asesinato. La tradición cuenta que fue el perro de él quien condujo a Margarita hasta el cuerpo, y por eso se la pinta con un perro a su lado. Los parientes del difunto la echaron del castillo, y la casa de su padre permaneció cerrada para ella. Así llegó con su hijo a Cortona. Dos damas nobles de la ciudad la acogieron bajo su techo, y ella se ganaba la vida asistiendo a las mujeres en el parto. Buscó la dirección espiritual de los Frailes Menores.
Tras algunos años de prueba fue admitida en la Tercera Orden de san Francisco. Desde entonces vivió en estricta pobreza, ayunaba, pedía limosna y pasaba largas horas en oración ante el crucifijo. Su hijo ingresó más tarde en los Frailes Menores. El Martirologio Romano dice que Margarita se entregó a la contemplación de las realidades celestiales y que Dios la colmó de carismas excelsos.
Cuidaba a los enfermos pobres, sobre todo a las mujeres encintas a las que nadie asistía. Con la ayuda de familias principales fundó el primer hospital para los pobres de Cortona, la Casa de Santa María de la Misericordia. Reunió en torno a él a unas mujeres llamadas «Poverelle», las pobrecillas, y a una cofradía que sostenía el hospital y a los necesitados. También reconciliaba a las facciones enfrentadas de la ciudad.
Hacia 1288 se trasladó a una celda junto a la iglesia en ruinas de San Basilio, bajo la fortaleza que domina la ciudad; a petición suya la iglesia fue reconstruida. Allí murió el 22 de febrero de 1297 y allí fue sepultada. Su cuerpo reposa hasta hoy en el santuario de Cortona que lleva su nombre. La fuente principal de lo que se sabe de ella es la «Legenda» que escribió su confesor, el franciscano Giunta Bevegnati.
Fue venerada desde el momento de su muerte, y Cortona la tiene por patrona. El Dicasterio para las Causas de los Santos señala como fecha de su beatificación el 17 de marzo de 1653, bajo el pontificado de Inocencio X. Benedicto XIII la inscribió entre los santos el 16 de mayo de 1728 en la Basílica Vaticana. En 1993 Juan Pablo II rezó ante su tumba. La llamó modelo de conversión y recordó que esta mujer del pueblo fue en su ciudad mensajera de paz y testigo activa de la caridad.