Santa Margarita de Città di Castello

Laico · † 1320

Virgen, terciaria dominica ciega, mística

Santa Margarita de Città di Castello fue una terciaria dominica, ciega de nacimiento. Rechazada por sus padres, pasó su corta vida en la ciudad umbra de Città di Castello, en la oración y en el servicio callado a los pobres y a los que sufren. La Iglesia la recuerda el 13 de abril.

Nació hacia 1287 en el castillo de Metola, cerca de Mercatello sul Metauro. Su padre, Parisio, era señor del castillo, y su madre se llamaba Emilia. La niña vino al mundo ciega y con deformidades en el cuerpo, y sus padres lo consideraron una deshonra para el linaje. El padre encerró a su hija en una celda junto a la iglesia del castillo para ocultarla a la gente. Allí, en la soledad y la oración, pasó su primera infancia.

Al cabo de un tiempo sus padres la llevaron a Città di Castello, a la tumba de fray Jacobo, franciscano muerto en 1292 con fama de santidad. Esperaban el milagro de la curación y, como este no se produjo, dejaron a su hija en la ciudad desconocida, según escribe su biógrafo del siglo XIV, «sin piedad, sola, sin recursos, privada de toda ayuda humana». Durante un tiempo mendigó el pan por las calles. Luego la acogieron las monjas del pequeño monasterio de Santa Margarita, pero pronto la despidieron: su vida austera y sus amonestaciones despertaban malestar entre ellas.

Encontró un hogar en casa de unos esposos piadosos, Venturino y Grigia, que le cedieron un cuartito en el piso alto. Margarita les correspondía enseñando a sus hijos las verdades de la fe. A pesar de su ceguera visitaba a los presos y a los enfermos y cuidaba de los pobres. Recibió el hábito de penitencia de los Frailes Predicadores y formó parte de las Mantellate, mujeres laicas vinculadas a los dominicos, llamadas más tarde terciarias. No fue monja: hasta el final de su vida vivió en la casa de quienes la habían acogido.

Cada día acudía a la iglesia de los dominicos, se confesaba y participaba en la santa Misa. Rezaba el Oficio de la Bienaventurada Virgen María y los salmos, que enseñaba también a otras mujeres, y meditaba el misterio de la Encarnación. A la oración unía una dura penitencia: ayunos, vigilias y cilicio. Se le atribuyeron curaciones y experiencias místicas.

Murió el 13 de abril de 1320, a la edad, según se refiere, de treinta y tres años. Los habitantes de la ciudad exigieron que fuera sepultada en la iglesia de los Frailes Predicadores. Su Vida cuenta que, al embalsamar el cuerpo, se hallaron en su corazón tres piedrecitas con las imágenes del Niño Jesús, de María y de José. Su cuerpo reposa hoy en la iglesia de San Domenico de Città di Castello.

En 1609 el papa Pablo V permitió su culto litúrgico en Città di Castello, lo que se considera su beatificación, y en 1675 Clemente X lo extendió a toda la Orden dominicana. El 24 de abril de 2021 el papa Francisco la inscribió en el catálogo de los santos mediante canonización equipolente y extendió su culto a toda la Iglesia. En la carta decretal escribió que su historia pone en guardia contra la «cultura del descarte». Los fieles la invocan como patrona de los ciegos y de los rechazados.