Santa Macrina la Joven
Virgen
Virgen, asceta, hermana de Basilio Magno y de Gregorio de Nisa
Santa Macrina la Joven vivió en el siglo IV en Asia Menor. Era la hermana mayor de los santos Basilio Magno, Gregorio de Nisa y Pedro de Sebaste, y en la finca familiar junto al río Iris, en el Ponto, formó una comunidad de mujeres que vivían de la oración y el trabajo. El Martirologio Romano la recuerda el 19 de julio como virgen instruida en las Sagradas Escrituras y ejemplo de deseo de Dios.
Era la primogénita de Basilio el Viejo y de Emelia, y su abuela era santa Macrina la Mayor. Gregorio de Nisa escribe que la madre tuvo cuatro hijos y cinco hijas. El año de nacimiento de Macrina no es seguro: se indica hacia 327 o hacia 330. Su madre le enseñó ella misma a leer, pero en lugar de la poesía pagana le dio las Sagradas Escrituras, sobre todo el libro de la Sabiduría y los Salmos, que la niña recitaba a horas fijas del día.
Cuando tenía unos doce años, su padre la prometió en matrimonio a un joven de buena familia que estaba terminando sus estudios. Pero el prometido murió de repente antes de la boda. Macrina se consideró ligada por la palabra dada, rechazó a otros pretendientes y decidió permanecer virgen junto a su madre. La ayudó a criar a los hermanos menores y cuidó desde la primera infancia del más pequeño, Pedro. Cuando Basilio volvió de sus estudios orgulloso de su talento de orador, su hermana lo convenció de renunciar a una carrera mundana. Benedicto XVI recordaba que Basilio siguió su ejemplo y que Basilio y Macrina velaron por la educación cristiana de Gregorio.
Tras la muerte de su padre se estableció con su madre en la finca familiar de Annesi, junto al río Iris. Convenció a su madre de que abandonara su antiguo modo de vida y tratara a las criadas y a las esclavas como hermanas, iguales a ellas. La casa se convirtió en una comunidad de mujeres que juntas oraban, trabajaban y meditaban las Sagradas Escrituras. Tras la muerte de Emelia, Macrina dirigió la comunidad. Renunció a su parte de los bienes y se mantenía con el trabajo de sus propias manos.
Unos nueve meses después de la muerte de Basilio, Gregorio, al volver de un sínodo en Antioquía, visitó a su hermana, a la que no veía desde hacía casi ocho años. La encontró gravemente enferma, acostada sobre unas tablas en el suelo. Hablaron del alma, de la muerte y de la resurrección. Gregorio describió esta conversación en el diálogo «Sobre el alma y la resurrección», en el que llama a su hermana la Maestra. Benedicto XVI citó su oración de los últimos momentos, en la que pedía perdón a Cristo para poder presentarse ante él sin mancha. Murió al anochecer, cuando trajeron una lámpara. Se suele indicar el año 379, aunque la cronología de sus últimos años no es del todo segura.
Gregorio y el obispo del lugar, Araxio, llevaron su cuerpo a la capilla de los santos mártires, donde ya reposaban sus padres. Su hermano escribió después su vida, que sigue siendo casi la única fuente de noticias sobre ella, y la presentó como modelo de una vida entregada a Dios en la virginidad. Macrina es venerada como santa desde la Antigüedad, mucho antes de que existieran los procesos de canonización.