
Santa Kateri Tekakwitha
Laico · 1656-1680
Virgen del pueblo mohawk, primera santa indígena de América del Norte
Santa Kateri Tekakwitha fue una joven del pueblo mohawk que recibió el bautismo a los veinte años, consagró a Dios su virginidad con voto y pasó el resto de su corta vida en la oración y el trabajo, en una misión jesuita cerca de Montreal. Es la primera mujer indígena de América del Norte en ser canonizada. El Martirologio Romano la recuerda el 17 de abril.
Nació en 1656 en la aldea de Ossernenon, hoy Auriesville, en el estado de Nueva York. Su padre era un jefe mohawk y su madre una cristiana algonquina, criada entre los colonos franceses de Trois-Rivières y capturada durante una guerra. Fue su madre quien le enseñó a rezar. Cuando la niña tenía cuatro años, una epidemia de viruela se llevó a sus padres y a su hermano menor. Ella sobrevivió, pero la enfermedad le dejó cicatrices en el rostro y le debilitó la vista. A la huérfana la acogió su tío, uno de los jefes, hostil al cristianismo.
Sus parientes intentaron varias veces casarla, pero ella se negó con firmeza. Cuando en 1675 el jesuita Jacques de Lamberville entró en su cabaña, le confió que deseaba el bautismo. Lo recibió en la Pascua de 1676 y se le dio el nombre de Catalina, Kateri en su lengua.
El bautismo le acarreó persecuciones. Se burlaban de ella e incluso la amenazaban de muerte. Por consejo del padre de Lamberville, en el otoño de 1677 huyó, con la ayuda de tres indígenas bautizados, a la misión de San Francisco Javier, junto al río San Lorenzo, frente a Montreal. Ya en la Navidad de ese año se le permitió recibir la Primera Comunión, antes de lo que era costumbre con los recién bautizados.
En la misión vivió como su pueblo. Trabajaba y, cuando salía con los demás a la caza de invierno, rezaba en el bosque ante una tosca cruz que ella misma había tallado. Participaba cada día en la Misa, adoraba al Santísimo Sacramento, cuidaba de los enfermos y de los ancianos y enseñaba a rezar a los niños. Cuando también aquí la instaron a casarse, respondió que Jesús era su único esposo. El 25 de marzo de 1679, con el consentimiento de su director espiritual, hizo voto de virginidad perpetua. Que se sepa, nadie lo había hecho antes que ella entre los indígenas de América del Norte. No pudo entrar en una orden religiosa, de modo que fue laica hasta el final.
Murió en la misión el Miércoles Santo, 17 de abril de 1680, a los veinticuatro años. Sus últimas palabras fueron: «Jesús, te amo». Los jesuitas Pierre Cholenec y Claude Chauchetière, que la conocieron, escribieron su vida, y pronto empezaron a llegar peregrinos a su tumba. Las reliquias de la santa descansan hoy en la iglesia de San Francisco Javier de Kahnawake, cerca de Montreal.
Juan Pablo II, que recordó su antiguo sobrenombre, el Lirio de los Mohawks, la beatificó el 22 de junio de 1980, y Benedicto XVI la canonizó el 21 de octubre de 2012 en la plaza de San Pedro. Aquel día confió a su intercesión la renovación de la fe entre los pueblos indígenas y en toda América del Norte.