Santa Juana Jugan

Monja · 1792-1879

Virgen, fundadora de las Hermanitas de los Pobres, servidora de los ancianos pobres

Santa Juana Jugan, en religión sor María de la Cruz, fue una religiosa francesa y la fundadora de la Congregación de las Hermanitas de los Pobres, que acoge en sus casas a ancianos pobres. La Iglesia la recuerda el 29 de agosto.

Nació el 25 de octubre de 1792 en la aldea de Petites-Croix, cerca de Cancale, en Bretaña, durante la Revolución francesa. Era la sexta de ocho hijos. Su padre, pescador, desapareció en el mar cuando ella tenía cuatro años. No fue a la escuela; aprendió a leer y escribir junto con el catecismo gracias a las terciarias de san Juan Eudes. A los quince años entró a servir en una familia acomodada y, con la señora de la casa, visitaba a los necesitados.

Rechazó una propuesta de matrimonio diciendo que Dios la reservaba para una obra aún no fundada. En 1817 ingresó en la Tercera Orden de san Juan Eudes y trabajó como ayudante en el hospital de Saint-Servan; después, durante doce años, sirvió a una amiga terciaria hasta la muerte de esta. En el invierno de 1839, a los cuarenta y siete años, acogió en su casa a una anciana ciega e impedida. Le cedió su propia cama y se fue a dormir al desván.

Pronto se le unieron algunas jóvenes, y en 1840 la pequeña comunidad eligió superiora a Juana. En 1842, sin dinero, compró un antiguo convento en ruinas, donde pronto encontraron hogar cuarenta ancianos. Con la cesta al brazo recorría las calles pidiendo limosna y fundaba toda la obra en la confianza en la Providencia. En 1845 la Academia Francesa le concedió el Premio Montyon.

Entretanto, en 1843, las hermanas la reeligieron superiora, pero el abate Le Pailleur, director espiritual de la comunidad, anuló la elección por su sola autoridad y nombró en su lugar a una hermana de veintiún años. Juana lo aceptó sin protestar y siguió pidiendo limosna para los pobres. En 1844 tomó el nombre de María de la Cruz. En 1852 el obispo de Rennes aprobó la congregación, y el abate Le Pailleur, nombrado superior general, la hizo volver definitivamente a la casa madre.

Durante los últimos veintisiete años de su vida permaneció en la sombra, desde 1856 en La Tour Saint-Joseph, en Saint-Pern, entre las novicias, muchas de las cuales no sabían que ella había fundado la congregación. Les repetía: «Sed pequeñas, muy pequeñas» y «Mirad al pobre con compasión, y Jesús os mirará con bondad en vuestro último día». Murió allí el 29 de agosto de 1879, cuando la congregación contaba ya con 2400 hermanas. Durante mucho tiempo se tuvo por fundador al abate Le Pailleur; la verdad sobre los orígenes salió a la luz más tarde.

Juan Pablo II la beatificó el 3 de octubre de 1982, diciendo que Dios no podía glorificar a una sierva más humilde. Benedicto XVI la canonizó el 11 de octubre de 2009 y la llamó un faro para las sociedades, que deben redescubrir siempre el lugar y el valor de la vejez.