Santa Juana de Arco

Laico · 1412-1431

Virgen, libertadora de Orleans, patrona de Francia

Santa Juana de Arco, llamada la Doncella de Orleans, fue una campesina francesa que a los diecisiete años condujo las tropas del delfín Carlos en socorro de Orleans y lo acompañó en su coronación en Reims. Capturada por sus enemigos y condenada en un proceso injusto, murió en la hoguera en Ruan. La Iglesia la recuerda el 30 de mayo.

Nació en 1412 en Domrémy, una aldea en la frontera entre Francia y Lorena, en una familia de piadosos campesinos, Jacques d'Arc e Isabelle Romée. Ayudaba en casa, hilaba lino y lana y cuidaba el ganado. No sabía leer ni escribir, pero recibía a menudo los sacramentos y acudía con gusto a la iglesia. Según la bula de canonización, atendía a los enfermos y a los pobres, y hasta les cedía su propia cama.

Hacia los trece años oyó una voz que reconoció como la del arcángel Miguel; más tarde, según contaba, le hablaron también santa Catalina y santa Margarita. Hizo entonces voto de virginidad. Las voces la llamaron a acudir en ayuda del delfín, a liberar Francia y a llevar a Carlos a la coronación. A comienzos de 1429 se presentó ante él. En Poitiers la examinaron unos teólogos, que no encontraron en ella nada contrario a la fe.

En marzo de 1429 invitó por carta al rey de Inglaterra a hacer la paz y, rechazada su propuesta, partió con el ejército en socorro de Orleans, sitiada. El 8 de mayo de 1429 la ciudad fue liberada y el 17 de julio Carlos VII fue coronado en Reims; Juana estaba a su lado con su estandarte. Durante cerca de un año vivió entre los soldados y procuró mejorar sus costumbres.

El 23 de mayo de 1430, cerca de Compiègne, fue capturada por los borgoñones, que la vendieron a los ingleses. En Ruan fue llevada ante un tribunal eclesiástico. Lo presidían el obispo de Beauvais, Pierre Cauchon, y el inquisidor Jean Le Maistre, pero en la práctica lo dirigió un grupo de teólogos de la Universidad de París, prevenidos contra ella desde el principio. Juana respondía con sencillez y valentía. Preguntada si estaba en gracia de Dios, respondió que, si no lo estaba, pedía a Dios que la pusiera en ella, y si lo estaba, que la conservara. Dijo también que Jesucristo y la Iglesia son una sola cosa. Su apelación al papa fue rechazada.

Declarada hereje, fue condenada a la hoguera. En la mañana del 30 de mayo de 1431 recibió por última vez la comunión en la cárcel y después fue conducida a la plaza del Mercado Viejo de Ruan. Tenía diecinueve años. Pidió a un sacerdote que sostuviera una cruz ante ella y murió con la mirada fija en el Crucificado, invocando repetidas veces el nombre de Jesús.

En 1456 un proceso abierto con la autoridad del papa Calixto III, en el que se escuchó a unos ciento veinte testigos, declaró nula la sentencia. El papa Pío X beatificó a Juana en 1909 y Benedicto XV la canonizó el 16 de mayo de 1920. La Iglesia la venera, junto con santa Teresa del Niño Jesús, como patrona de Francia, después de la Virgen María.