Santa Clara de Montefalco

Monja · 1268-1308

Virgen, agustina, abadesa del monasterio de la Santa Cruz en Montefalco

Santa Clara de Montefalco, llamada también Clara de la Cruz, fue abadesa del monasterio de la Santa Cruz en Montefalco. El Martirologio Romano la recuerda el 17 de agosto como virgen de la Orden de los Ermitaños de San Agustín, que ardió en amor a la Pasión de Cristo.

Nació en 1268 en Montefalco, en Umbría. Su hermana mayor, Juana, llevaba una vida de oración y penitencia en un eremitorio que su padre había construido en un terreno de la familia. Clara tenía seis años cuando decidió unirse a ella. La oración, los ayunos y las mortificaciones se convirtieron para ella en el camino para configurarse con Cristo sufriente.

Como crecía el número de aspirantes, Juana, con el apoyo de su padre, obtuvo en 1290 del obispo de Spoleto el permiso para transformar el eremitorio en el monasterio de la Santa Cruz, y las hermanas recibieron la Regla de San Agustín. Al año siguiente Juana murió y Clara, que tenía veintitrés años, fue designada para sucederla. Aceptó el cargo a disgusto, considerándose indigna, pero como abadesa ordenó la vida de la comunidad, introdujo el trabajo manual y guió con solicitud a cada una de las hermanas.

Durante once años, hasta 1299, pasó por una dura prueba de aridez espiritual y de silencio de Dios. A comienzos de 1294 vio en el huerto del monasterio a Cristo como un peregrino sufriente con la cruz. Él le dijo que buscaba un lugar firme donde plantar la cruz, y lo encontró en su corazón. Desde entonces repetía a menudo: «Tengo a mi Jesús dentro de mi corazón».

A la reja del monasterio acudían los pobres, a quienes daba de comer y una palabra de consuelo, mientras hombres doctos, sacerdotes y altos dignatarios de la Iglesia buscaban su consejo. En 1307 reconoció los errores de la secta llamada del Libre Espíritu en las enseñanzas del franciscano Bentivenga de Gubbio, que intentaba ganarla para su causa, y su testimonio contribuyó a que fuera condenado.

Estuvo enferma durante largo tiempo y desde julio de 1308 ya no se levantó de la cama. Murió el 17 de agosto de 1308, a los cuarenta años, en la iglesia que por su deseo se había construido junto al monasterio. Las hermanas abrieron su cuerpo y hallaron en su corazón signos de la Pasión del Señor formados de tejido, entre ellos una cruz, clavos, un flagelo y una corona. El vicario del obispo de Spoleto, Berengario de Saint-Affrique, acudió para castigarlas por ello, pero tras examinar el caso con médicos, juristas y teólogos cambió de parecer y se convirtió en el principal promotor de su canonización.

Ya en 1309 el obispo de Spoleto ordenó investigar su vida, y en 1318 y 1319 se celebró el proceso apostólico, en el que declararon numerosos testigos. Sus actas son la principal fuente de lo que sabemos de ella. Sin embargo, el proceso no se concluyó entonces. En 1737 Clemente XII confirmó su culto, lo que equivalió a una beatificación, y el 8 de diciembre de 1881 León XIII la proclamó santa. Su cuerpo y sus reliquias, entre ellas el corazón, reposan en la iglesia de Santa Clara de Montefalco, junto al monasterio de las agustinas, que el papa León XIV visitó en noviembre de 2025.