Santa Catalina de Siena
Laico · 1347-1380
Virgen y doctora de la Iglesia, terciaria dominica, copatrona de Europa
Santa Catalina de Siena fue terciaria dominica laica, mística y artífice de paz. Instó al papa a regresar de Aviñón a Roma, y su enseñanza hizo que fuera proclamada doctora de la Iglesia. Su memoria litúrgica se celebra el 29 de abril.
Nació el 25 de marzo de 1347 en Siena, en el barrio de Fontebranda, la vigesimocuarta de los veinticinco hijos del tintorero Jacopo Benincasa y de su esposa Lapa. Según la tradición, a los seis años tuvo una visión de Cristo, y al año siguiente hizo voto de virginidad. Cuando sus padres quisieron casarla, se cortó el cabello y se encerró en casa. La familia acabó cediendo, y en 1363 Catalina, con dieciséis años y movida por una visión de santo Domingo, ingresó en las Mantellatas, las terciarias dominicas.
No vivió en un convento, sino que en la casa familiar se entregó a la oración, a la penitencia y a las obras de caridad, sobre todo con los enfermos. Aprendió a leer con dificultad y a escribir solo siendo adulta. Hacia los veinte años vivió los desposorios místicos con Cristo, y en 1375, según la tradición, recibió los estigmas. A su alrededor se reunieron discípulos, laicos y clérigos, que la llamaban madre.
Con el tiempo acudieron a pedirle consejo personas de toda condición, desde poderosos y políticos hasta gente sencilla, clérigos y religiosos. No faltaban, sin embargo, quienes desconfiaban de ella, y por eso en 1374 el capítulo general de los dominicos la convocó a Florencia para interrogarla. Su director espiritual pasó a ser entonces Raimundo de Capua, futuro maestro general de la Orden y autor de su primera biografía completa. Catalina reconciliaba familias y ciudades enfrentadas y, al trabajar por la paz entre Florencia y el papa Gregorio XI, puso en peligro su propia vida.
En 1376 Catalina acudió a Gregorio XI, que residía en Aviñón, y lo instó con insistencia a volver a Roma. El papa regresó en 1377. Tras su muerte, en 1378, la disputa sobre la elección de Urbano VI dio origen al gran cisma de Occidente. Catalina se puso del lado de Urbano VI, que la llamó a Roma, y hasta el final oró y trabajó por la unidad de la Iglesia. Llamaba al papa «dulce Cristo en la tierra».
Su enseñanza se recoge en el Diálogo de la divina Providencia, en varios centenares de cartas a papas, soberanos y gente sencilla, y en una colección de oraciones. Murió en Roma el 29 de abril de 1380, a los treinta y tres años. Según Raimundo de Capua, en su lecho de muerte aseguró a sus discípulos que daba la vida por la santa Iglesia. Su cuerpo descansa bajo el altar de la iglesia romana de Santa Maria sopra Minerva.
El papa Pío II, también sienés, la canonizó el 29 de junio de 1461. Pío IX la declaró copatrona de Roma, y Pío XII, en 1939, patrona principal de Italia junto con san Francisco de Asís. En 1970 Pablo VI la proclamó doctora de la Iglesia, y en 1999 Juan Pablo II la declaró copatrona de Europa.