Santa Catalina de Alejandría

Laico

Virgen y mártir de Alejandría, patrona de los filósofos y los teólogos

Santa Catalina de Alejandría es venerada como virgen y mártir de Alejandría, en Egipto. La tradición sitúa su muerte a comienzos del siglo IV, en tiempos de las persecuciones contra los cristianos. El Martirologio Romano dice que era célebre por la agudeza de su ingenio y su sabiduría, y también por su fortaleza de ánimo. La Iglesia la recuerda el 25 de noviembre.

De su vida no se han conservado noticias históricas seguras. Los relatos más antiguos que se conocen de su martirio se escribieron mucho después de su época, entre los siglos V y VIII, y tienen los rasgos de la leyenda. El propio Martirologio advierte que refiere de ella lo que la tradición transmite. Lo que sigue es, pues, el relato de la tradición, no una biografía documentada.

Según la tradición, Catalina pertenecía a una familia ilustre y había recibido una esmerada educación. Tenía dieciocho años cuando el soberano, al que los relatos llaman Majencio o Maximino, ordenó en Alejandría ofrecer sacrificios a los dioses. Ella se presentó ante él y lo exhortó a reconocer a Cristo. El emperador hizo venir a cincuenta sabios que debían convencerla de abandonar la fe. Ocurrió lo contrario: fueron ellos quienes, movidos por sus palabras, creyeron en Cristo, y por ello fueron condenados a muerte.

La tradición cuenta además que el soberano propuso matrimonio a Catalina y que ella lo rechazó, porque quería pertenecer solo a Cristo. Fue encarcelada y condenada a morir en una rueda provista de cuchillas, pero el instrumento del suplicio se rompió sin causarle daño alguno. Finalmente fue decapitada a espada. Por eso el arte la representa con una rueda rota, una espada y un libro.

Según la misma tradición, unos ángeles trasladaron su cuerpo al monte Sinaí. Al pie del monte se alza un monasterio cuya iglesia fue construida en el siglo VI por el emperador Justiniano y que con el tiempo tomó el nombre de la santa. No se sabe cuándo ni cómo llegaron allí sus reliquias, pero en él se veneran hasta hoy. En febrero de 2000 llegó allí como peregrino Juan Pablo II y recordó que en ese lugar el cuerpo de la mártir Catalina encontró su descanso.

El culto a santa Catalina nació en Oriente. En Occidente sus huellas más antiguas se remontan al siglo VIII, y en la Edad Media se extendió por toda Europa. Fue contada entre los catorce santos auxiliadores y considerada patrona de los filósofos, los teólogos y los estudiantes. La bula de canonización de santa Juana de Arco recuerda que el arcángel Miguel le prometió la ayuda de las santas Catalina y Margarita.

Catalina no pasó por un proceso de canonización: la Iglesia la venera como santa desde tiempos antiguos. En 1969, por la falta de noticias seguras sobre su vida, su memoria fue suprimida del Calendario Romano General. En 2002 fue restablecida como memoria libre. La oración que el Misal Romano asigna desde entonces a este día pide que, por su intercesión, seamos firmes en la fe y perseverantes, y trabajemos con celo por la unidad de la Iglesia.