Santa Camila Bautista de Varano

Monja · 1458-1524

Abadesa, clarisa de Camerino, mística, autora de escritos sobre la Pasión

Santa Camila Bautista de Varano fue clarisa en Camerino, mística y autora de escritos sobre los sufrimientos interiores de Cristo en su Pasión. Fue muchas veces abadesa del monasterio que su padre había fundado para ella. La Iglesia la recuerda el 31 de mayo.

Nació el 9 de abril de 1458 en Camerino, en los Estados Pontificios. Era hija natural de Giulio Cesare da Varano, señor de la ciudad, y de Cecchina. Creció en el palacio paterno al cuidado de la esposa de su padre, Giovanna Malatesta, y recibió una esmerada educación. Hacia los ocho o diez años, después de escuchar un sermón del franciscano Domenico da Leonessa, prometió a Dios derramar cada viernes al menos una lágrima por la Pasión de Cristo.

El 24 de marzo de 1479, víspera de la Anunciación, hizo voto de castidad, y poco después decidió entregarse por completo a Cristo. Su padre intentó durante mucho tiempo disuadirla con halagos, amenazas e incluso con la prisión, y solo dio su consentimiento al cabo de dos años. El 14 de noviembre de 1481 Camila ingresó en el monasterio de las clarisas de Urbino y tomó el nombre de Bautista. A comienzos de 1484, ya profesa, volvió con ocho compañeras a Camerino, a un monasterio adquirido por su padre.

Su oración se centraba en los sufrimientos que Jesús llevó en su corazón en Getsemaní y en el Gólgota. Los describió en la obra «I dolori mentali di Gesù nella sua Passione», impresa en Nápoles en 1490 sin su conocimiento y sin el nombre de la autora. San Felipe Neri la apreciaba. Durante varios años atravesó una dolorosa oscuridad espiritual, un tiempo de silencio de Dios, y en ese periodo escribió en forma de carta su autobiografía, «La vita spirituale». Fue elegida abadesa por primera vez a los treinta y cinco años.

Los años 1501 y 1502 le trajeron duras pruebas. El papa Alejandro VI excomulgó a su padre, y el hijo del papa, César Borgia, ocupó Camerino por las armas. Sor Bautista se refugió en Atri, en el Reino de Nápoles. En ese tiempo César Borgia hizo matar a Giulio Cesare y a tres de los hermanos de Bautista. Volvió a Camerino tras la muerte de Alejandro VI, en 1503. Nunca se quejó de esos agravios ni habló mal de quienes los habían cometido.

En 1505 el papa Julio II la envió a Fermo para formar allí una nueva comunidad de clarisas, y permaneció en esa ciudad unos dos años. Más tarde formó también la comunidad de San Severino. Escribió cartas en defensa de condenados a muerte y de ciudadanos amenazados por los estragos de la guerra. Redactó también un tratado sobre la pureza del corazón. Murió en Camerino el 31 de mayo de 1524, durante una epidemia de peste, a los 66 años.

Los fieles comenzaron a venerarla inmediatamente después de su muerte, y en 1843 el papa Gregorio XVI confirmó este culto, existente desde tiempo inmemorial, lo que equivalía a su beatificación. Benedicto XVI la canonizó el 17 de octubre de 2010. Dijo entonces que, en un tiempo en que la Iglesia sufría una relajación de las costumbres, ella recorrió con decisión el camino de la penitencia y de la oración, deseando la renovación del Cuerpo místico de Cristo.