Santa Brígida de Kildare

Monja

Abadesa, fundadora del monasterio de Kildare, patrona de Irlanda

Santa Brígida de Kildare fue una abadesa irlandesa que vivió entre los siglos V y VI, fundadora del monasterio de Kildare, uno de los primeros de la isla. Junto con san Patricio y san Columba de Iona es venerada como patrona de Irlanda. No hay que confundirla con santa Brígida de Suecia, que vivió en el siglo XIV. La Iglesia la recuerda el 1 de febrero.

De su vida se sabe poco con certeza. Las Vidas más antiguas no se escribieron hasta el siglo VII, más de cien años después de su muerte; una de ellas es obra de Cogitosus, monje de Kildare. Están llenas sobre todo de relatos de milagros. La tradición sitúa su nacimiento hacia mediados del siglo V y su muerte hacia el año 525, pero estas fechas no pueden confirmarse. Las Vidas refieren que su padre era Dubthach, un noble de la provincia de Leinster, y su madre Broicsech, una esclava según algunos relatos. Una tradición tardía señala Faughart, cerca de Dundalk, como lugar de su nacimiento.

Según las Vidas, desde su juventud trabajaba con el ganado y en la elaboración de mantequilla, y daba generosamente a los pobres lo que tenía a mano. Cuando su padre y sus hermanos quisieron casarla, se negó, porque había decidido vivir en virginidad para Dios. Recibió el velo de virgen consagrada a Dios de manos de un obispo; unos relatos nombran aquí a san Mel, otros al obispo Mac Caille.

Su obra principal fue el monasterio de Kildare. El nombre irlandés del lugar, Cill Dara, significa «iglesia del roble». Las Vidas no dicen cuándo ni en qué circunstancias surgió. Según Cogitosus, Brígida invitó a san Conleth a gobernar la comunidad junto con ella como obispo. Kildare era un monasterio doble, femenino y masculino, y Brígida fue abadesa de ambas ramas. El Martirologio Romano dice que, según se cuenta, continuó la obra de evangelización iniciada por san Patricio.

Los relatos de su hospitalidad, de su valentía y de su solicitud por los pobres y los enfermos han perdurado en Irlanda a lo largo de los siglos. Los irlandeses la llaman la María de los gaélicos. El día de su fiesta se trenzan cruces de juncos o de paja; según la tradición popular, Brígida se servía de una cruz así cuando explicaba la fe cristiana. Monjes y misioneros irlandeses llevaron su devoción a muchos países de Europa, donde se le dedicaron numerosas iglesias.

Murió en Kildare; Cogitosus refiere que fue un 1 de febrero. Fue sepultada en la iglesia del lugar. Cogitosus describe cómo en su tiempo los sepulcros de Brígida y del obispo Conleth se hallaban a ambos lados del altar. Una tradición medieval afirma que sus reliquias fueron trasladadas más tarde a Downpatrick, donde habrían reposado junto a los restos de san Patricio y de san Columba.

Brígida es venerada como santa desde la alta Edad Media, desde un tiempo en que aún no existía un proceso formal de canonización; su culto está atestiguado ya en el siglo VII. El papa Francisco, al hablar en Dublín en 2018, la nombró entre los santos irlandeses cuyos nombres siguen siendo venerados en toda Europa y más allá.