Santa Ángela de Mérici

Virgen · † 1540

Virgen, terciaria franciscana, fundadora de la Compañía de Santa Úrsula

Santa Ángela de Mérici fue una terciaria franciscana italiana y la fundadora de la Compañía de Santa Úrsula, de la que nacieron las congregaciones de ursulinas. Reunió a mujeres que entregaban su vida a Dios permaneciendo en sus propias casas, sin hábito ni clausura. La Iglesia la recuerda el 27 de enero.

Nació en Desenzano, junto al lago de Garda, en el norte de Italia. El año de su nacimiento no es seguro: la tradición señala el 21 de marzo de 1474, y se indica también el año 1470. Su padre, Giovanni, leía por las noches a los de casa las vidas de los santos. En poco tiempo Ángela perdió a sus padres y a su hermana y se fue a vivir con un tío en Salò. Allí se hizo terciaria franciscana. Al cabo de unos años volvió a Desenzano, al trabajo de la casa y del campo.

Según la tradición, mientras oraba en un campo cerca de Desenzano tuvo la visión de una escalera que unía el cielo y la tierra, por la que caminaban muchachas y ángeles. La entendió como el anuncio de una obra a la que Dios la destinaba. En 1516 sus superiores franciscanos la enviaron a Brescia para que acompañara a Caterina Patengola, que había perdido a su marido y a sus hijos. Ángela se quedó para siempre en esa ciudad. Con el tiempo, muchas personas, laicos y clérigos, buscaron en ella consejo y oración.

Hizo varias peregrinaciones. En 1524 se embarcó hacia Tierra Santa. En el camino perdió la vista y visitó los santos lugares sin verlos. La recobró en el viaje de regreso, mientras oraba ante un crucifijo. En el año jubilar de 1525 peregrinó a Roma. El papa Clemente VII le propuso que se quedara allí, pero ella volvió a Brescia.

El 25 de noviembre de 1535, junto con sus primeras compañeras, dio comienzo en Brescia a la Compañía de Santa Úrsula. Sus miembros se consagraban a Dios en la virginidad, pero no entraban en un monasterio: vivían con sus familias, se sustentaban con su propio trabajo y cuidaban de la educación cristiana de las muchachas. En una época en que una mujer solo tenía ante sí el matrimonio o la clausura, era un camino nuevo. Ángela dio a la Compañía una Regla y dejó a quienes la dirigían sus Consejos y su Testamento. En ellos pedía que guiaran a las hermanas que tenían confiadas con suavidad y sin coacción, porque Dios ha dado a cada uno el libre albedrío y no fuerza a nadie.

Estuvo al frente de la Compañía hasta el final de su vida. Murió en Brescia el 27 de enero de 1540 y fue sepultada en la iglesia de Santa Afra, que hoy es su santuario. En 1544 la Compañía fue aprobada por el papa Pablo III. Se desarrolló, entre otros lugares, en Milán por obra de san Carlos Borromeo, y en el siglo XVII, sobre todo en Francia, muchas comunidades se transformaron en monasterios de ursulinas.

El papa Clemente XIII la beatificó en 1768 y Pío VII la canonizó el 24 de mayo de 1807 en la Basílica Vaticana. Hoy reconocen a Ángela como madre tanto el instituto secular que lleva su nombre como numerosas congregaciones de hermanas ursulinas en todo el mundo.