Santa Ángela de Foligno

Laico · † 1309

Viuda, terciaria franciscana, mística

Santa Ángela de Foligno fue una esposa y madre de Umbría que, tras su conversión y la pérdida de los suyos, se hizo terciaria franciscana y una de las grandes místicas de la Edad Media. Confió su experiencia de Dios a un libro puesto por escrito por su confesor. La Iglesia la recuerda el 4 de enero.

Nació hacia 1248 en Foligno, en una familia acomodada. Perdió pronto a su padre, y su madre la educó de manera bastante superficial. Con poco más de veinte años se casó con uno de los notables de la ciudad y dio a luz a varios hijos. Llevaba una vida despreocupada y mundana, sin cuidarse de la salvación de su alma, y llegaba a despreciar a los penitentes, que por Cristo se desprendían de sus bienes.

Pasados los treinta años la sacudieron acontecimientos violentos: el terremoto de 1279, un huracán y la larga guerra contra Perugia. Comenzó a reflexionar sobre su vida y a temer la condenación. En 1285 invocó a san Francisco de Asís, que se le apareció en una visión, y después hizo confesión general con uno de los frailes en la iglesia de San Feliciano.

Tres años después, en pocos meses, murieron su madre, su marido y todos sus hijos. Ángela vendió todos sus bienes y repartió el dinero entre los pobres. En 1291 ingresó en la Tercera Orden de San Francisco y se confió a la dirección espiritual de un franciscano, fray Arnaldo, pariente y conciudadano suyo. Ese mismo año hizo una peregrinación a Asís, durante la cual recibió especiales dones místicos.

Tras años de dura penitencia, Dios la condujo a una unión cada vez más profunda, hasta la experiencia de la inhabitación de la Santísima Trinidad en su alma. Se lo contaba a su confesor, y él ponía por escrito sus palabras en latín. Así nació el «Memorial», primera parte del «Libro de la beata Ángela»; recoge sus experiencias desde la conversión hasta 1296, mientras que la segunda parte la forman las «Instrucciones» que daba a sus discípulos. Ángela confesaba que no sabía expresar con palabras lo que había visto. Enseñaba que quien quiere conservar la gracia no debe apartar de la Cruz los ojos del alma.

En los últimos años de su vida reunió en torno a sí a muchos discípulos de Italia y del extranjero, para quienes fue madre espiritual. A ejemplo de san Francisco, cuidaba a los leprosos en el hospital de Foligno y en cada uno de ellos veía a Cristo. Murió en Foligno el 4 de enero de 1309, rodeada de sus hijos espirituales. Su tumba se encuentra en la iglesia de San Francisco de la ciudad. Los siglos posteriores la llamaron maestra de los teólogos.

Después de su muerte fue venerada y llamada beata, e incluso santa. En 1701 el papa Clemente XI permitió a los Frailes Menores Conventuales y a la diócesis de Foligno rezar el oficio en su honor, y en 1766 Clemente XIII añadió la misa. En 1993 Juan Pablo II oró ante su tumba, y en 2010 Benedicto XVI le dedicó una catequesis. El 9 de octubre de 2013 el papa Francisco extendió su culto a toda la Iglesia y la inscribió en el catálogo de los santos mediante canonización equipolente.