San Vicente Ferrer
Sacerdote · 1350-1419
Presbítero, dominico, predicador de la penitencia, defensor de la unidad de la Iglesia
San Vicente Ferrer fue un dominico de Valencia y uno de los predicadores más célebres de la Baja Edad Media. Durante veinte años recorrió Europa occidental, llamando a la penitencia y trabajando por la unidad de la Iglesia, desgarrada por el gran Cisma de Occidente. La Iglesia lo recuerda el 5 de abril.
Nació en Valencia en 1350, hijo de un notario. En 1367 ingresó en los dominicos de su ciudad natal. Se formó en Barcelona, Lérida y Toulouse, obtuvo el título de maestro en teología y la enseñó en la escuela catedralicia de Valencia. Escribió un tratado sobre la vida espiritual, en el que enseña que quien quiere ayudar a los demás con su palabra debe vivir primero él mismo lo que enseña.
Su vida transcurrió en el tiempo en que dos, y más tarde tres, papas reclamaban la Sede de Pedro. Vicente estaba convencido de la legitimidad de los papas de Aviñón. Gozaba de la confianza del cardenal Pedro de Luna. Cuando en 1394 el cardenal fue elegido papa en Aviñón y tomó el nombre de Benedicto XIII, llamó a Vicente a su corte y lo hizo su confesor. Benedicto XIII es considerado hoy un antipapa. Vicente lo exhortaba a buscar un acuerdo por el bien de la Iglesia.
En 1398 enfermó gravemente. Según la tradición, se le apareció entonces Cristo con santo Domingo y san Francisco, lo curó y lo envió a predicar la penitencia. En noviembre de 1399 Vicente dejó Aviñón y fue predicador itinerante hasta el final de su vida. Recorrió Provenza, Saboya, Lombardía, Suiza, Flandes, España y Francia. Hablaba en las plazas, porque las iglesias no podían acoger a sus oyentes. Hablaba de la conversión y de la segunda venida del Señor, y allí adonde llegaba reconciliaba a los enemistados.
En 1412 fue uno de los jueces que en Caspe resolvieron la disputa por la sucesión al trono de Aragón y alejaron la amenaza de una guerra civil. A pesar de sus ruegos, Benedicto XIII no quiso renunciar, aunque eso habría abierto el camino a la elección de un solo papa. En enero de 1416, en Perpiñán, Vicente anunció por ello públicamente que el rey de Aragón retiraba la obediencia a Benedicto. Por la unidad de la Iglesia se apartó del hombre al que había sido fiel durante muchos años. El cisma terminó al año siguiente en el Concilio de Constanza con la elección de Martín V.
Pasó sus últimos años en Francia, sobre todo en Bretaña, y siguió predicando. Murió en Vannes el 5 de abril de 1419. Fue sepultado en la catedral de esa ciudad, donde sus reliquias son veneradas hasta hoy.
Por la canonización de Vicente trabajaron los duques de Bretaña, los reyes de Castilla y de Aragón y la Orden de Predicadores. El papa Calixto III, que había conocido a Vicente en vida, lo proclamó santo el 29 de junio de 1455 en la basílica de San Pedro. Pero el papa murió antes de que se redactara la bula, y por eso la publicó en 1458 su sucesor Pío II. En la oración de la misa la Iglesia recuerda a san Vicente como heraldo del Evangelio que anunció la venida de Cristo Juez.