San Valentín
Mártir
Mártir, sepultado en la vía Flaminia de Roma, patrono de los enamorados
San Valentín fue un mártir a quien la Iglesia de Roma venera desde la Antigüedad. El Martirologio Romano lo recuerda el 14 de febrero con una sola frase: en Roma, en la vía Flaminia, junto al puente Milvio, san Valentín, mártir. Fuera de su nombre, del día de su memoria y del lugar de su sepultura, casi nada se sabe de él con certeza.
No conocemos el año de su nacimiento ni el de su muerte. El testimonio más seguro sigue siendo su tumba en la vía Flaminia, al pie de la colina de Parioli en Roma, donde existe todavía hoy la catacumba que lleva su nombre y cuyos orígenes se remontan al siglo III. En el siglo IV el papa Julio I levantó una basílica sobre la tumba del mártir, y en el siglo VII la restauraron los papas Honorio I y Teodoro I. La mencionan las guías de peregrinos de ese mismo siglo.
Los relatos de su vida se pusieron por escrito solo varios siglos más tarde, y los historiadores no los consideran fiables. Fijaron dos tradiciones. Según la primera, Valentín era un presbítero romano que, bajo el emperador Claudio II el Gótico, en la segunda mitad del siglo III, devolvió la vista a la hija del dignatario Asterio, llevó al bautismo a toda su casa y fue decapitado en la vía Flaminia. Según la segunda, era obispo de Terni, en Umbría: llamado a Roma, curó al hijo del retórico Cratón y bautizó a sus familiares, tras lo cual fue decapitado de noche por orden del prefecto Plácido, y sus discípulos trasladaron su cuerpo a Terni.
El antiguo Martirologio los mencionaba a ambos en este día: el presbítero de Roma y el obispo de Terni. El mismo día, el mismo lugar de la ejecución y el desarrollo semejante de los dos relatos llevan a muchos estudiosos a ver en ellos a un solo mártir, venerado en dos ciudades. El Martirologio actual tiene una sola entrada y lo llama simplemente mártir. En Terni se le venera como obispo y patrono de la ciudad, y su basílica se alza allí donde, según la tradición, fue sepultado.
Solo a finales de la Edad Media llegó a ser patrono de los enamorados y de los novios. En Inglaterra y en Francia se creía que a mediados de febrero las aves se emparejan; lo menciona en el siglo XIV el poeta inglés Geoffrey Chaucer, y desde entonces el día de san Valentín se tuvo por fiesta de los enamorados. Los relatos según los cuales el santo bendecía matrimonios en secreto son todavía más tardíos y no tienen apoyo en los testimonios antiguos. En los países alemanes se le invocaba también en las enfermedades graves, especialmente en la epilepsia.
Con la reforma del calendario litúrgico de 1969, su memoria, aunque muy antigua, se dejó a los calendarios locales precisamente porque se sabe muy poco de él. Valentín permaneció, sin embargo, en el Martirologio Romano. El papa Francisco, en la exhortación «Amoris laetitia», recordó el día de san Valentín como una ocasión que en algunos países aprovechan mejor los comerciantes que los pastores. El santo no fue canonizado en el sentido actual: como otros mártires de los primeros siglos, es venerado desde la Antigüedad.