San Simeón Estilita

Monje · † 459

Monje, el primero de los estilitas, eremita cerca de Antioquía

San Simeón Estilita fue un monje y asceta sirio, el primero de los llamados estilitas, ermitaños que vivían sobre una columna. Durante más de treinta y cinco años oró y ayunó sobre una columna cerca de Antioquía, y multitudes de peregrinos acudían a él en busca de consejo y bendición. El Martirologio Romano lo recuerda el 27 de julio.

Nació a finales del siglo IV en la aldea de Sis, en la frontera entre Siria y Cilicia; no se conoce el año exacto. Procedía de una familia cristiana y de niño pastoreaba ovejas. Teodoreto, obispo de Ciro, que lo conoció personalmente y describió su vida cuando Simeón aún vivía, cuenta que el muchacho escuchó en la iglesia el Evangelio de la bienaventuranza prometida a los que lloran y están afligidos, y desde entonces buscó una vida entregada a Dios.

Pasó unos diez años en la comunidad de monjes de Teleda. Sus mortificaciones eran tan severas que los superiores le pidieron que se marchara, para que los hermanos más débiles no intentaran imitarlo. Se trasladó a Telanissos, donde vivió tres años en una pequeña cabaña y por primera vez pasó toda la Cuaresma sin comer; desde entonces lo hizo cada año. Más tarde se estableció en una colina rocosa, dentro de un recinto circular, y se encadenó un pie a la roca. Se quitó la cadena cuando lo convencieron de que le bastaba su propia voluntad.

Acudían a él multitudes cada vez mayores. La gente quería tocarlo y no le dejaba tiempo para la oración, de modo que Simeón se fue a vivir sobre una columna. Las columnas fueron sustituidas por otras cada vez más altas: la primera medía menos de tres metros y la última más de quince. Vivía en ella a la intemperie, sin refugio, pero no se apartó de la gente. Los visitantes subían hasta él por una escalera, y dos veces al día hablaba a los que se reunían abajo, resolvía disputas y escribía cartas a obispos y emperadores. Exhortó al emperador León I a permanecer fiel a las decisiones del Concilio de Calcedonia.

Su fama llegó mucho más allá de Siria. Teodoreto, testigo ocular, escribe sobre grupos enteros de árabes que recibían el bautismo al pie de la columna y sobre peregrinos llegados de Persia y Armenia, e incluso de Hispania, la Galia y Britania. En Roma se colocaban pequeñas imágenes de Simeón a la entrada de los talleres. Juan Pablo II, hablando en Damasco en 2001, lo llamó un icono vivo de la santidad de su tiempo, un hombre de oración incesante y de una caridad abierta a todos.

Simeón murió en el año 459. Su cuerpo fue llevado a Antioquía con escolta militar, y sus habitantes conservaron allí las reliquias como protección de su ciudad, que no tenía murallas. A finales del siglo V se construyó alrededor de la columna una gran iglesia en forma de cruz; sus ruinas, llamadas Qalat Siman, se conservan en el norte de Siria. Las antiguas ediciones del Martirologio Romano recordaban a Simeón el 5 de enero. Es venerado desde la Antigüedad, sin una canonización formal. La Vida escrita por sus discípulos dice que por medio de los sufrimientos de su siervo Dios quiso despertar al mundo de su profundo sueño.