San Severino Boecio

Mártir

Mártir, filósofo, senador romano, esposo y padre

San Severino Boecio fue senador y cónsul romano, esposo y padre, y al mismo tiempo un filósofo célebre por su saber y sus escritos. Acusado de conspiración y encarcelado, escribió «La consolación de la filosofía» y fue ejecutado por orden del rey Teodorico. La Iglesia lo conmemora el 23 de octubre como mártir.

Nació en Roma hacia el año 480, en la ilustre familia de los Anicios. El año exacto no se conoce. Perdió pronto a su padre y creció en casa del senador Símaco, con cuya hija Rusticiana se casó más tarde. Tuvieron dos hijos. A los veinticinco años ya era senador. En 510 ejerció el cargo de cónsul, y en 522 sus dos hijos llegaron a ser cónsules. Italia estaba entonces gobernada por Teodorico, rey de los ostrogodos, que al principio lo tuvo en gran estima y le confió uno de los más altos cargos de su corte.

El servicio público no lo apartó del estudio. Quería transmitir a las nuevas generaciones el legado de la cultura griega y romana: tradujo al latín y comentó los escritos de Aristóteles, y redactó manuales de aritmética y de música. En breves tratados teológicos, entre ellos uno sobre la Santísima Trinidad, expuso la fe cristiana con ayuda de los conceptos de la filosofía griega. Se le ha llamado el último representante de la cultura romana antigua y el primero de los intelectuales medievales.

Una acusación de traición puso fin a su carrera. Boecio salió en defensa de un amigo, el senador Albino, y fue acusado él mismo de conspirar contra el rey. Benedicto XVI califica esta acusación de pretexto: Teodorico, que era arriano, sospechaba que Boecio simpatizaba con el emperador bizantino. Boecio fue llevado a Pavía, encarcelado y condenado a muerte.

En la prisión nació su obra más célebre. En ella Boecio enseña a distinguir los bienes aparentes, que en la cárcel desaparecen, de los verdaderos, como la amistad sincera, y muestra que el bien más alto es Dios. Escribe que el mundo no está gobernado por el destino ciego, sino por la Providencia, a la que es posible dirigirse en la oración. Benedicto XVI veía en él el símbolo de las innumerables personas injustamente encarceladas en todos los tiempos.

La sentencia se ejecutó en Pavía. Benedicto XVI da la fecha del 23 de octubre de 524 y la edad de 44 años, aunque una parte de los historiadores sitúa la ejecución en 525 o 526. Por orden de Teodorico fue ejecutado también Símaco, suegro de Boecio, y el papa Juan I murió prisionero en Rávena. Tras la muerte del rey, los habitantes de Pavía trasladaron el cuerpo de Boecio a la basílica de San Pietro in Ciel d'Oro, donde reposa hasta hoy, al igual que san Agustín.

Pavía venera a Boecio como mártir desde hace siglos. No hubo canonización formal: el 15 de diciembre de 1883 la Sagrada Congregación de Ritos confirmó este culto, que se remonta a tiempo inmemorial, y el papa León XIII aprobó su decisión. El Martirologio Romano lo menciona el 23 de octubre como santo y mártir, que sirvió a Dios con integridad hasta la muerte.