
San Romualdo
Ermitaño · † 1027
Abad, ermitaño, padre de los monjes camaldulenses
San Romualdo fue monje y ermitaño de Rávena, renovador de la vida eremítica en Italia y padre de los monjes camaldulenses. Durante muchos años recorrió Italia fundando eremitorios y pequeños monasterios, y la más conocida de sus fundaciones es el eremitorio de Camaldoli, cerca de Arezzo. La Iglesia lo recuerda el 19 de junio, día de su muerte.
Nació en Rávena, en una familia noble, a mediados del siglo X; no se conoce el año exacto. Siendo joven quedó profundamente conmocionado cuando su padre mató a un adversario en duelo. Romualdo se refugió entonces en la abadía de San Apolinar in Classe, cerca de Rávena, y allí se hizo monje. Tras un breve tiempo de vida comunitaria eligió una soledad austera y, cerca de Venecia, se puso bajo la dirección del ermitaño Marino.
Por consejo de Marino, de Romualdo y del abad Guarino del monasterio de Cuxa, el dux de Venecia Pedro Orseolo renunció al poder y se hizo monje en aquella abadía de los Pirineos. Romualdo fue allí con él y durante varios años vivió como ermitaño cerca del monasterio, reuniendo discípulos a su alrededor. De regreso en Italia recorrió el país fundando o renovando eremitorios y monasterios y animando incansablemente a los monjes a vivir según el Evangelio. Por poco tiempo fue abad de Classe, pero renunció a ese cargo.
Durante un tiempo vivió en el eremitorio de la isla de Pereum, cerca de Rávena. Allí el emperador Otón III, al volver de una peregrinación a la tumba de san Adalberto en Gniezno, le transmitió la petición de Boleslao el Intrépido, que deseaba misioneros para retomar la obra interrumpida por la muerte de Adalberto. En el verano de 1001 dos discípulos de Romualdo, Juan y Benito, partieron hacia Polonia. Más tarde fueron asesinados allí y son venerados como los Cinco Hermanos Mártires. También san Bruno de Querfurt, después obispo misionero y mártir, vivió algún tiempo en el eremitorio de Romualdo.
En 1012 Romualdo fundó el eremitorio de Camaldoli, cerca de Arezzo. Según la tradición, la tierra se la regaló un noble del lugar llamado Maldolo, de quien el sitio toma su nombre. Los ermitaños vivían allí en celdas separadas, mientras que más abajo, en Fonte Buono, surgió una casa que acogía a los huéspedes y a los enfermos. Esta unión de vida solitaria y vida común se convirtió en un rasgo propio de la familia benedictina de los camaldulenses.
Hacia el final de su vida regresó al monasterio que había fundado en Val di Castro, en las Marcas. Allí murió solo en su celda el 19 de junio de 1027. Sus reliquias descansan hoy en Fabriano. San Pedro Damián, su primer biógrafo, escribió la Vida de Romualdo para edificación de los monjes.
Romualdo comenzó a ser venerado como santo poco después de su muerte. En 1595 el papa Clemente VIII extendió su fiesta a toda la Iglesia, y desde la reforma del calendario de 1969 su memoria cae en el día de su muerte. Cuando Juan Pablo II visitó Camaldoli en 1993, habló a los monjes de la intuición excepcional de su fundador, que unió el eremitorio con el monasterio.