San Raniero de Pisa
Laico · † 1160
Laico, pobre peregrino por Cristo, patrono de Pisa
San Raniero de Pisa fue un laico penitente y peregrino. Después de años pasados en Tierra Santa volvió a su ciudad natal, donde llamaba a la conversión y socorría a los enfermos. El Martirologio Romano lo llama pobre y peregrino por Cristo. Es el patrono principal de Pisa, y la Iglesia lo recuerda el 17 de junio.
Nació en Pisa en la segunda década del siglo XII; no se conoce el año exacto. Procedía de una familia acomodada vinculada al comercio. Según su Vida, en su juventud le atraían más las diversiones y la música que el estudio. Debió su conversión a Alberto, un penitente originario de Córcega que vivía junto al monasterio pisano de San Vito. Bajo su influencia, Raniero comenzó a ayunar y a buscar a Dios.
Siendo joven se embarcó hacia Tierra Santa con mercancías, para comerciar allí. En Jerusalén, sin embargo, decidió renunciar a sus bienes y se vistió con el áspero hábito de penitente. Durante varios años vivió en pobreza junto al Santo Sepulcro, de limosnas, de pan y agua. Peregrinó también a Belén, a Hebrón y al monte Tabor.
En 1153 o 1154 regresó a Pisa. Vivió primero junto al monasterio de Sant'Andrea, en el barrio de Kinzica, y después junto al monasterio de San Vito. No ingresó en ninguna orden religiosa ni recibió las órdenes sagradas, y siguió siendo laico hasta el final. Llamaba a los habitantes a la penitencia y daba a los enfermos agua y pan bendecidos, por lo que lo llamaban Ranieri dell'Acqua, Raniero del Agua. Juan Pablo II, al visitar Pisa en 1989, recordó que en tiempos difíciles Raniero pasó entre los pisanos socorriendo a los necesitados y anunciando la paz.
Murió en el monasterio de San Vito el 17 de junio de 1160. Fue sepultado solemnemente en la catedral de Pisa, donde sus reliquias reposan hasta hoy. En los pocos años que siguieron a su muerte, el canónigo pisano Benincasa, que lo había conocido, puso por escrito su Vida y los milagros atribuidos a su intercesión.
Raniero no pasó por un proceso formal de canonización. Los pisanos lo veneraron como santo desde su muerte y en el siglo XVII la Congregación de Ritos aprobó su culto. En ese mismo siglo fue proclamado patrono principal de la ciudad y de la archidiócesis, y en 1689 su cuerpo fue colocado en un altar de la catedral.