
San Policarpo de Esmirna
Obispo
Obispo y mártir, discípulo de san Juan Apóstol, padre apostólico
San Policarpo fue obispo de Esmirna, la actual Izmir en Turquía, y mártir del siglo II. La Iglesia lo venera como discípulo de san Juan Apóstol y último testigo de la época apostólica. Se le cuenta entre los Padres apostólicos. Su memoria litúrgica se celebra el 23 de febrero.
No conocemos ni el año ni el lugar de su nacimiento. Quien más habla de él es san Ireneo de Lyon, que en su juventud lo escuchó en Esmirna. Según Ireneo, Policarpo fue instruido por los Apóstoles, conversó con muchos que habían visto al Señor, y fueron los mismos Apóstoles quienes lo establecieron obispo de la Iglesia de Esmirna. Ireneo recordaba cómo Policarpo contaba sus encuentros con Juan.
A comienzos del siglo II se detuvo en Esmirna san Ignacio, obispo de Antioquía, conducido bajo custodia a Roma, donde iba a sufrir el martirio. Allí escribió cuatro cartas, y más tarde, desde Tróade, envió otra aparte a Policarpo. Cuando los cristianos de Filipos pidieron los escritos de Ignacio, Policarpo se los mandó junto con una carta propia. Esta Carta a los Filipenses se conserva hasta hoy.
Ya anciano, Policarpo viajó a Roma, junto al papa Aniceto. Trataron del día en que debía celebrarse la Pascua: las Iglesias de Asia la festejaban el día 14 del mes de nisán, Roma el domingo siguiente. Ninguno convenció al otro, pero se separaron en paz, y Aniceto, en señal de honor, confió a su huésped la celebración de la Eucaristía.
Su muerte la describe una carta que la Iglesia de Esmirna envió a la Iglesia de Filomelio. Cuando estalló la persecución en la ciudad, los fieles persuadieron al obispo de que se refugiara en una casa de campo. Lo delató un criado sometido a tortura. Policarpo mandó servir de comer a los que habían venido a buscarlo y pidió una hora para orar. Después lo llevaron al estadio.
El procónsul Estacio Cuadrato lo instaba a que, en atención a su edad, renegara de Cristo. Policarpo respondió: «Ochenta y seis años hace que le sirvo y ningún daño me ha hecho. ¿Cómo puedo blasfemar contra mi Rey, que me ha salvado?». Condenado a la hoguera, pidió que no lo clavaran y dio gracias a Dios por haberlo contado entre los mártires y haberle dado parte en el cáliz de Cristo. Según la carta, las llamas no lo consumieron, y murió de una puñalada. El cuerpo fue quemado, y los cristianos recogieron los huesos, más preciosos para ellos que las joyas, y decidieron celebrar cada año el día de su martirio.
La carta indica el día, el 23 de febrero, pero el año sigue discutido. Muchos estudiosos señalan el 155 o el 156. El Martirologio Romano sitúa esta muerte bajo el reinado de Marco Aurelio, y la edición italiana del Misal Romano da el año 167. Policarpo es venerado como santo desde la antigüedad, sin canonización formal. El relato de su pasión se cuenta entre los relatos de martirio más antiguos que se conservan; el mismo Misal lo llama el documento más antiguo sobre el culto de los mártires. Benedicto XVI escribió que todo ese drama se narra como una liturgia en la que el mártir mismo se convierte en Eucaristía.