San Pedro de Verona

Sacerdote · † 1252

Presbítero y mártir, dominico, predicador, inquisidor en Lombardía

San Pedro de Verona, llamado también san Pedro Mártir, fue un dominico, sacerdote y predicador del norte de Italia. Murió en 1252 a manos de un sicario, cuando como inquisidor pontificio iba de camino de Como a Milán. Los dominicos lo veneran como el primer mártir de su Orden. La Iglesia lo recuerda el 6 de abril, día de su muerte.

Nació en Verona a caballo entre los siglos XII y XIII; no se conoce el año exacto. Según la tradición, que recoge el Martirologio Romano, sus padres eran seguidores de la herejía cátara, pero él se mantuvo desde la infancia en la fe católica y ya a los siete años rezaba el Símbolo de los Apóstoles. Estudió en Bolonia. Allí conoció a santo Domingo y, como refiere el Martirologio, recibió de sus manos el hábito de la Orden de Predicadores.

Después de su ordenación sacerdotal predicó en el norte y el centro de Italia, y también en Roma. Fue prior de los conventos de Asti, Piacenza y Como, y fundó en Milán un monasterio para las monjas dominicas. La tradición le atribuye también la fundación de cofradías de laicos que defendían la fe y difundían el culto a la Madre de Dios. En Florencia trabó amistad con los siete fundadores de la Orden de los Siervos de María.

En junio de 1251 el papa Inocencio IV le encargó combatir la herejía cátara en Cremona, y en otoño lo nombró inquisidor para Milán y Como, es decir, su enviado para investigar los casos de herejía. Pedro ejerció este cargo menos de un año y las fuentes no dicen casi nada de los procedimientos que llevó a cabo. Siguió sobre todo predicando y sosteniendo disputas públicas con los jefes de los cátaros, sin hacer caso de las amenazas de muerte.

El sábado después de Pascua, 6 de abril de 1252, partió de Como hacia Milán. En un bosque cerca de Seveso lo asaltó Carino de Bálsamo, un sicario pagado por los partidarios de la herejía, que lo hirió en la cabeza con una hoja curva parecida a una hoz. También fue herido fray Domingo, que lo acompañaba y que murió pocos días después. La bula de canonización refiere que Pedro, al morir, encomendaba su espíritu a Dios y comenzó a recitar la profesión de fe. Una tradición posterior añade que escribió en el suelo con su propia sangre la palabra Credo, es decir, «Creo».

A petición de las autoridades de Milán, el papa Inocencio IV inscribió a Pedro en el catálogo de los santos mártires en marzo de 1253 en Perusa, menos de un año después de su muerte. La bula fijó su fiesta el 29 de abril; hoy los dominicos lo recuerdan el 4 de junio. Las reliquias del santo descansan en la basílica de San Eustorgio de Milán, en un sepulcro de mármol del siglo XIV, obra de Giovanni di Balduccio.

Carino de Bálsamo se arrepintió de su acto. Ingresó en los dominicos de Forlì como hermano converso y allí, tras años de penitencia, murió con fama de santidad. Juan Pablo II, en su mensaje para el 750.º aniversario del martirio de Pedro, en 2002, recordó que el santo perdonó a su asesino y lo presentó como modelo para los cristianos de nuestro tiempo.