
San Pedro de San José de Betancur
Laico · 1626-1667
Laico, terciario franciscano, fundador de los betlemitas
San Pedro de San José de Betancur, conocido en Guatemala como el Hermano Pedro, fue un terciario franciscano laico que se dedicó a los enfermos, a los pobres y a los niños abandonados. De su comunidad nació la orden betlemita. La Iglesia lo recuerda el 25 de abril.
Nació en marzo de 1626 en Vilaflor, en la isla de Tenerife, en una familia pobre y profundamente creyente de pastores y agricultores. Al oír hablar de la miseria de los habitantes de América, deseó llevarles el Evangelio y aliviar su suerte. A los veintitrés años dejó Tenerife. Poco después de desembarcar en el Nuevo Mundo enfermó gravemente, y en 1651, pasando por Cuba y Honduras, llegó a Santiago de Guatemala, la actual Antigua Guatemala. Vivía en la miseria: hacía fila para recibir pan en el convento franciscano y trabajaba en un taller de tejidos.
Quería ser sacerdote y, por consejo de su director espiritual, comenzó a estudiar en el colegio de los jesuitas, pero los estudios superaban sus capacidades y tuvo que dejarlos. El franciscano Fernando Espino, que fue su consejero durante toda la vida, le propuso entrar en la orden como hermano, pero Pedro discernió que Dios lo quería en el mundo. Como laico ingresó en la Tercera Orden de San Francisco y se estableció junto a la ermita del Calvario, cerca del convento franciscano, donde fue sacristán. Visitaba hospitales, cárceles y casas de pobres.
En 1658, en una casa pobre puesta bajo la protección de Nuestra Señora de Belén, abrió un refugio para niños sin hogar, a quienes enseñaba la religión y a leer, una posada para estudiantes forasteros y un lugar para los pobres que, al salir del hospital, aún necesitaban cuidados. Juan Pablo II lo llamó el primer hospital para convalecientes del mundo. En recuerdo de la pobreza de Belén dio a toda la obra el nombre de «Belén». Acogía a niños blancos, mestizos y negros, y lo sostenía todo con las limosnas que pedía por las calles de la ciudad.
Se le unieron otros terciarios, que compartían con él la oración, la penitencia y el servicio a los enfermos. Escribió para ellos una regla de vida, que adoptaron también las mujeres que enseñaban a los niños. De esta comunidad nació la orden betlemita, masculina y femenina, aprobada por la Iglesia solo después de su muerte. Su espiritualidad se alimentaba de la contemplación de los misterios de Belén y de la Cruz, y en los pobres veía el rostro del Niño Jesús. Difundió el rezo del rosario; según los relatos, recorría de noche las calles con una campanilla, llamando a los habitantes a la conversión. En vida lo llamaban «Madre de Guatemala».
Agotado por los ayunos y el trabajo, enfermó de neumonía y murió el 25 de abril de 1667, a los cuarenta y un años. Descansa en la iglesia de San Francisco de Antigua Guatemala. Juan Pablo II lo beatificó el 22 de junio de 1980 en la basílica de San Pedro y lo canonizó el 30 de julio de 2002 en la Ciudad de Guatemala, llamándolo el primer santo guatemalteco y tinerfeño y «el hombre que fue caridad».