San Pedro Chanel
Sacerdote · 1803-1841
Presbítero, marista, protomártir de Oceanía
San Pedro Chanel fue un sacerdote francés de la Sociedad de María, los maristas, y misionero en la isla de Futuna, en Oceanía, donde fue asesinado por la fe en 1841. Es el primer mártir de Oceanía. La Iglesia lo conmemora el 28 de abril.
Nació el 12 de julio de 1803 en Cuet, en el este de Francia, quinto de los ocho hijos de una familia de campesinos. El párroco de la vecina parroquia de Cras advirtió su piedad y lo acogió en la escuela donde preparaba a muchachos para el seminario. El día de su Primera Comunión, Pedro sintió que Dios lo llamaba a anunciar el Evangelio a quienes no lo conocían.
Ya en el seminario hizo suyo el programa «Aimer Marie et la faire aimer», es decir, «Amar a María y hacerla amar». Fue ordenado sacerdote el 15 de julio de 1827. Fue vicario en Ambérieu y después, durante tres años, párroco de Crozet, donde renovó la vida religiosa de una parroquia descuidada y compartió con los pobres todo lo que tenía. Con el consentimiento de su obispo, que había pedido repetidas veces, ingresó en la Sociedad de María y trabajó en su seminario de Belley, primero como educador y luego como superior.
En 1836 el papa Gregorio XVI aprobó la Sociedad de María y le confió las misiones de Oceanía occidental. Pedro emitió los votos religiosos y la víspera de Navidad de ese año zarpó de El Havre con siete hermanos de congregación. En noviembre de 1837 los misioneros llegaron a las primeras islas, y Pedro, por encargo del vicario apostólico, desembarcó en Futuna con un solo ayudante. El rey de la isla, Niuliki, los recibió en su propia casa.
En Futuna vivió en gran pobreza, en una choza estrecha, sufriendo hambre y frecuentes fiebres. Durante tres años aprendió con enorme esfuerzo la lengua del lugar para traducir a ella las oraciones y explicar a los isleños las verdades de la fe. Visitaba las aldeas lejanas, cuidaba a los enfermos y bautizaba a los niños moribundos, y después de una guerra civil curó a los heridos y reconcilió a los enemigos. El Martirologio destaca su singular mansedumbre. Con el tiempo, cada vez más jóvenes pidieron ser preparados para el bautismo, entre ellos el hijo del rey.
El rey, que atribuía a sus dioses la victoria en la guerra, se volvió cada vez más hostil al misionero, y la conversión de su hijo lo llenó de ira. Por orden suya se decidió matar a Pedro. Al amanecer del 28 de abril de 1841 los agresores incendiaron la casa de los catecúmenos, hirieron incluso al hijo del rey y llegaron a la choza de Pedro. Lo golpearon con mazas y lanzas, y uno de ellos le asestó en la cabeza un golpe mortal de hacha.
Al año siguiente llegaron a Futuna otros misioneros y en pocos años toda la isla abrazó la fe, incluidos sus asesinos. León XIII lo beatificó en 1889 y Pío XII lo canonizó el 12 de junio de 1954. Juan Pablo II, en la exhortación apostólica «Ecclesia in Oceania», lo nombró en primer lugar entre los testigos de la fe que implantaron la Iglesia en las islas de Oceanía. Es venerado como patrono de Oceanía.