San Óscar

Obispo · 801-865

Obispo de Hamburgo y Bremen, monje benedictino, apóstol del Norte

San Óscar, conocido también como Ansgario, fue monje benedictino, misionero en Dinamarca y Suecia y obispo de Hamburgo, y más tarde también de Bremen. Se le llama el Apóstol del Norte. La Iglesia lo recuerda el 3 de febrero.

Nació en el año 801 en Picardía, en los alrededores de la abadía de Corbie, cerca de Amiens. Su discípulo y sucesor Rimberto, que escribió su vida, refiere que el niño perdió a su madre cuando tenía unos cinco años y que entonces su padre lo envió a la escuela. Óscar se educó con los benedictinos de Corbie, donde llegó a ser monje y maestro. Cuando los monjes de Corbie fundaron en Sajonia la abadía de Corvey, llamada la Nueva Corbie, fue enviado allí para dirigir la escuela y predicar.

En el año 826 regresaba a Dinamarca el rey Harald, que había recibido el bautismo poco antes y contaba con el apoyo del emperador Ludovico Pío. Óscar aceptó acompañarlo y anunciar el Evangelio a los daneses. Abrió una escuela para muchachos daneses, pero Harald perdió pronto el poder y hubo que interrumpir la misión. Unos años después Óscar partió hacia Suecia. En el camino unos piratas lo despojaron de todo, también de los libros. Con todo, llegó a Birka, donde el rey le permitió enseñar y uno de los dignatarios del rey recibió el bautismo y construyó una iglesia.

En el año 831 Óscar fue nombrado primer obispo de Hamburgo, sede que debía servir de apoyo a las misiones del Norte. El papa Gregorio IV le confirió la dignidad de arzobispo y lo nombró su legado para los pueblos del Norte. En el año 845 los daneses atacaron Hamburgo e incendiaron la ciudad con su iglesia y su monasterio. Rimberto dejó escrito que el obispo, que entonces lo perdió casi todo, repetía con Job que el Señor lo dio y el Señor lo quitó. Más tarde se le confió también la diócesis de Bremen, y desde entonces residió allí.

A pesar de tantos fracasos permaneció fiel a la misión hasta el final de su vida. Viajaba a Dinamarca, se ganó el favor de sus soberanos y, con su consentimiento, construyó iglesias en Schleswig y en Ribe. Volvió también una vez más a Suecia, donde la asamblea del pueblo aceptó que se siguiera anunciando el Evangelio.

Adán de Bremen, cronista medieval, escribió de él que por fuera era apóstol y en su corazón, monje. El papa Pablo VI recordó estas palabras en 1965. Óscar llevaba cilicio, fundó en Bremen un hospital para los pobres y rescataba cautivos. Cuando en su presencia se hablaba de milagros, respondió, según refiere Rimberto, que solo pediría a Dios un milagro: que Dios, por su gracia, hiciera de él un hombre bueno.

Rimberto escribe que el obispo enfermo deseaba morir en la fiesta que se celebra el 2 de febrero, llamada hoy la Presentación del Señor. Murió en Bremen un día después, el 3 de febrero de 865. Pronto, con el consentimiento del papa Nicolás I, se comenzó a venerarlo como santo. En aquel tiempo no existían todavía procesos formales de canonización. Óscar no llegó a ver que el cristianismo arraigara de forma duradera en Escandinavia. Juan Pablo II dijo, sin embargo, que su obra preparó las etapas posteriores de la evangelización, primero en Dinamarca y después en los demás países del Norte.